Carmen Hernández, explora el cuerpo a través de la fuerza, el peso y el movimiento
Periodistas Unidos, 30 de septiembre 2026. – La artista Carmen Hernández presenta “Encuentros suspendidos: cuerpos, afectos y gravedades.” 13 figuras humanas en la UAM Casa de la primera imprenta en América, como parte del 39.ª Festival Internacional por la Diversidad Sexual.
El cuerpo humano no está hecho para permanecer inmóvil sobre un pedestal. Al menos no en la obra de Carmen Hernández, quien en su nueva exposición redimensiona la figura humana e indaga la escultura dentro del espacio expositivo, la obra se monta en el piso, se suspende con cables de acero y se coloca en posición horizontal integrándola al espacio para convertirla en algo más que un objeto: una presencia, un personaje, una escena.
La muestra reúne 13 figuras humanas en la UAM Casa de la Primera Imprenta de América y forma parte de la 39.ª edición del Festival Internacional por la Diversidad Sexual. Las piezas, pertenecientes a distintos momentos de la trayectoria de la artista, exploran el cuerpo a través de una materia que cobra fuerza, peso y movimiento: mármol, bronce, fierro colado, aluminio, cerámica, fibra de vidrio y cera. Cada material responde a las necesidades de la obra y a la sensualidad del movimiento que la artista busca capturar, en un juego donde la materia se vuelve cuerpo y el cuerpo, presencia.
“Yo no concibo la escultura como algo que terminas y pones en su base, muy pulidita. No es tanto un objeto; para mí debería ser un personaje más de la realidad”, explicó Hernández.
Aunque cada pieza aborda un tema distinto, todas encuentran un punto de convergencia en el cuerpo y su capacidad de movimiento. Para la escultora, la acción constituye un elemento esencial: sus figuras no buscan reproducir una postura estática ni reducirse a representaciones anatómicas, sino desplegarse en el espacio, ocuparlo y transformarlo. Son cuerpos que adquieren sentido en relación con quien los observa, piezas que rompen la distancia entre obra y espectador para construir, en ese encuentro, una experiencia compartida del espacio.
“Si las podemos englobar en un solo tema, pues es más que el cuerpo, es el movimiento del cuerpo humano”, señaló.
Esa concepción también determina la manera en que las esculturas ocupan el espacio. Hernández evita, en la medida de lo posible, recurrir al pedestal como soporte tradicional de la obra. Prefiere que las figuras establezcan una relación directa con el lugar donde se encuentran y con las personas que las observan.
“Juego con el espacio: algunas piezas están colgadas, otras se encuentran en el piso, dispuestas de manera horizontal o incluso trepadas en alguna parte del espacio expositivo. Es muy raro que termine una obra y simplemente la coloque sobre una base”, comentó.
Para la artista, sacar a la escultura de su condición estática implica recuperar una dimensión esencial de la disciplina: su capacidad para representar no sólo cuerpos, sino acciones, gestos y momentos cargados de tensión. Sus piezas dejan de concebirse como personajes aislados para convertirse en escenas suspendidas en el tiempo, como si el espectador llegara justo en el instante previo o posterior a un acontecimiento. A través de posturas, movimientos y relaciones entre los cuerpos, la escultura adquiere una dimensión narrativa: cada figura parece estar haciendo algo, reaccionando ante algo o a punto de hacerlo. Así, la artista transforma el volumen en un espacio de acción y construye imágenes que, aunque inmóviles, contienen la posibilidad del movimiento y abren al espectador la tarea de imaginar aquello que sucedió antes y lo que podría ocurrir después.
“Lo que yo hago, más que personajes, es una escena. De hecho, cada obra es, digamos, la representación del éxtasis de una acción”, afirmó.
Las posiciones de las figuras revelan uno de los principales desafíos de la obra: hacer que el movimiento emerja de materiales que, por naturaleza, imponen límites. Cada postura exige resolver la tensión entre el dinamismo del cuerpo y el peso, la dureza o la rigidez de la materia. El reto, explica la artista, consiste en conseguir que aquello que parece detenido conserve la sensación de estar a punto de moverse.
“Las poses de las piezas son difíciles, pero es precisamente porque intento representar el movimiento”, explicó.
El uso de diversos materiales ( el mármol, el bronce, el aluminio, la cerámica, la fibra de vidrio) permite a Hernández explorar distintas soluciones formales y expresivas. La artista no busca que sus obras respondan a una misma fórmula; por el contrario, entiende cada material como un elemento capaz de transformar la acción, el carácter y la presencia particular de cada figura.
La escala también forma parte de esta búsqueda. La escultora suele trabajar con dimensiones proporcionales a la figura humana, de modo que sus piezas compartan el espacio con el espectador y establezcan una relación más cercana con su realidad.
“Los pedestales y las bases los dejamos más que nada para las estatuas de héroes y bustos clásicos. Pero la escultura es más que eso, es movimiento”, puntualizó la artista.
Hernández propone así una escultura que abandona la quietud y recupera el movimiento como parte de su naturaleza. El cuerpo se convierte en escena; el material, en medio; y el espacio, en parte indispensable de la obra.
La exposición se encuentra abierta al público hasta el 16 de octubre en la UAM Casa de la Primera Imprenta de América, ubicada en Lic. Primo Verdad No. 10, Centro Histórico. De lunes a viernes, en un horario de 10:00 a 18:00 hrs.
