Con cantos y tambores despiden a Totó la Momposina en el Museo de la Ciudad de México
Por Ángeles Ortiz
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 27 de mayo de 2026.- La riqueza de los sonidos afroindígenas y el arraigo cultural de América Latina se unieron en un emotivo último adiós. El Museo de la Ciudad de México abrió sus puertas para albergar un homenaje de cuerpo presente en honor a Sonia Bazanta Vides, conocida internacionalmente como “Totó la Momposina”, la legendaria cantautora colombiana fallecida en Celaya, Guanajuato. El recinto colonial se transformó en un espacio de comunión binacional donde familiares, músicos, integrantes de la comunidad colombiana asentada en el país y seguidores se congregaron para celebrar el legado de una de las guardianas más importantes de la música tradicional del Caribe.
El acto solemne contó con la participación de Carlos Fernando García Manosalva, Embajador de Colombia en México, quien extendió sus condolencias oficiales y agradeció a las autoridades mexicanas por brindar un refugio histórico y respetuoso para la diversidad artística de su país. Asimismo, Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura capitalina, destacó la trascendencia de la intérprete, definiéndola como una «mujer de río y tambor» que dedicó su existencia a rescatar y dignificar las raíces africanas e indígenas que componen la cumbia, el bullerengue, el mapalé y el porro.
La velada trascendió el luto convencional para convertirse en una colorida celebración de la vida. Bajo banderines blancos con consignas de gratitud, el patio del museo amalgamó símbolos de ambas naciones, decorando el féretro con papel picado, veladoras y nutridos arreglos florales. Músicos y bailarines tradicionales ejecutaron piezas emblemáticas de su catálogo como “La candela viva”, “El pescador” y “Adiós Fulana”, incitando a los asistentes a sustituir el minuto de silencio por un minuto de música, aplausos y coros colectivos que hicieron retumbar los muros del inmueble con la consigna unísona de ¡Que viva Totó!.
Al concluir la ceremonia, y tras un último canto donde los presentes entonaron las estrofas de «Cielito Lindo», las flores del recinto fueron distribuidas entre el público como un recordatorio del vínculo de la artista con la tierra. Posteriormente, un cortejo fúnebre resguardó el traslado de los restos de la cantautora hacia el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México (AICM), donde se iniciaron los protocolos diplomáticos para su repatriación final a Colombia, consolidando su viaje de retorno a las riberas que inspiraron su canto universal.