Periodistas Unidos. Ciudad de México. 16 de abril de 2026.- Integrada por Javier Cruz, Ismael Corona, Juan Luis Hernández, Antonio Hernández, Rafael Martínez y Eduardo Sixto, actores que estuvieron privados de la libertad y que hoy trabajan de forma profesional, la Compañía de Teatro Penitenciario «Calacas y Diablitos» ha desarrollado un lenguaje propio desde la autogestión. Su trabajo parte de una idea concreta: el teatro como herramienta para replantear experiencias personales y ponerlas en diálogo con el público.
La temporada inició con La Mordida
, dirigida por Artús Chávez, una comedia en clave clown que plantea una pregunta directa: ¿hasta dónde es válido ceder ante la corrupción cotidiana? A través de un personaje que busca abrir un puesto de tacos, la obra conecta con una práctica normalizada en la vida pública.

El sábado 18 de abril a las 19:30 horas, se presenta La Espera, escrita y dirigida por Conchi León. Desde el teatro testimonial, la pieza se cerca a la experiencia carcelaria en la Ciudad de México, abordando el tiempo suspendido y las dinámicas que atraviesan quienes viven procesos de reclusión.
En mayo, Las Hijas del Aztlán, de Cess Enríquez, llega en formato cabaret los días 24 y 31 a las 17:00 horas. La obra cruza humor e identidad para cuestionar estructuras como el patriarcado desde una narrativa que mezcla épocas y personajes.
La temporada cierra con Las 80 Mejores Amigas, de Juan Carlos Cuéllar, los días 21 y 28 de junio a las 17:00 horas. En formato de radionovela, la obra propone una mirada sobre la amistad entre mujeres, combinando tono ligero con lectura crítica.
Más allá de los formatos, el eje es consistente: historias que no buscan victimizar, sino confrontar. El espectador deja de ser pasivo y se convierte en parte del proceso.
Las funciones se realizan en El Albergue del Arte, (Alberto Zamora 32) en Coyoacán, con un costo de 200 pesos por función.
BEE