Periodistas Unidos. Ciudad de México. 28 de julio de 2026.-Tinskani se presentó como una mirada íntima y compleja al trabajo de los fotoperiodistas que cubren nota roja en México. Su director, Claudio V. Ventosa, y la fotógrafa María Gabriella Stempell conversaron sobre las motivaciones, el proceso y las decisiones estéticas detrás de la película. En el marco del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) 2026, el cortometraje
Ventosa explicó que el punto de partida fue una figura social poco explorada con profundidad: el fotoperiodista de nota roja. “Se me hizo una figura muy interesante social”, señaló. En su investigación notó que el discurso público alrededor de estas imágenes suele caer en juicios morales que convierten a los fotógrafos en “casi los propios verdugos” de los hechos que documentan. “Empecé a rascar más… para entender la complejidad de la posición y del trabajo de los fotoperiodistas”, dijo. Conversaciones con profesionales como Alfredo Estrella, Jair Cabrera y Fernando Brito fueron clave para comprender cómo ellos mismos conciben su labor y por qué la consideran necesaria.
El director subrayó un “juego doble”: se critica a quien produce la fotografía, pero raramente a quien la consume. “Los periódicos panfletarios con nota roja son los periódicos con mayor tiraje en todo el país. Entonces no es solamente una coincidencia… en la que recaiga toda la responsabilidad únicamente a quien produce estas imágenes”.
Sobre la ambientación, Ventosa justificó no ambientar la historia en la zona céntrica de la Ciudad de México. Tras mudarse a la capital hace diez años, percibió una “burbuja” durante los periodos más álgidos de violencia. El reporteo en Morelos, Michoacán o Tijuana no era el mismo que el de la ciudad. El Estado de México, periférico pero conectado, le pareció más preciso y fidedigno a lo observado en la investigación.
María Gabriella Stempell detalló el enfoque visual, inspirado en el trabajo de Fernando Brito y otros fotoperiodistas. “Queríamos pasar la fotografía o la mirada de la foto a partir del propio fotoperiodismo”. Se buscó la frialdad de la iluminación callejera, el grano del ISO forzado, el contraste y la claridad que los reporteros gráficos aplican cuando las condiciones no son óptimas. La apertura del diafragma se mantuvo cerrada (alrededor de f/4) para que todo quedara en foco: “Los fotoperiodistas… lo que tienen que contar es una historia y para que todo se vea… necesitan tener el diafragma cerrado”. Evitaron el bokeh y la embellecimiento artístico. “Es fotoperiodismo pero con movimiento”.
El eje emocional de Tinskani es el dolor privado y los silencios familiares. Ventosa reconoció que ese aspecto fue central para optar por la ficción. Los fotoperiodistas se protegen y no llevan esas conversaciones a la mesa. “Ese dolor… tanto las personas que consumimos esas imágenes, como el fotoperiodista, como a quien le sucede, todos conectamos con ese dolor”. La ficción permitió adentrarse en los procesos de luto y reflexión que el propio periodista, por autopreservación, no muestra abiertamente.
El director conectó esta dimensión con recuerdos personales de infancia y adolescencia en Cuernavaca durante el sexenio de Calderón, incluyendo imágenes como la del cuerpo de Arturo Beltrán Leyva. “Cuando yo empecé a tener estos recuerdos nítidos de estas imágenes… ese dolor que yo noté dentro de la experiencia de los fotoperiodistas, yo identifiqué que es un dolor…”.
El final del corto, según Ventosa, muestra la fortaleza de regresar al trabajo a pesar del dolor acumulado. “Hay una fortaleza en el fotoperiodista… regresar al deber de cumplir con lo que uno tiene que hacer. Y creo que eso es algo en lo que yo veo como una fortaleza, no como una insensibilidad”.
Tinskani se presenta así no solo como un retrato del oficio, sino como una reflexión sobre la mirada, el consumo de imágenes de violencia y el costo humano que permanece fuera de cuadro.

