Periodistas Unidos. Ciudad de México a 5 de octubre de 2026.- Habitar una ciudad no se limita a tener un techo donde dormir; implica cómo nos movemos en ella y en qué condiciones pasamos un tercio de nuestra vida: trabajando. En el marco del Día Mundial del Hábitat (5 de octubre), cuyo lema es «Vivienda adecuada para todos», la conversación urbana cobra una nueva urgencia: la urgencia de acercar el trabajo a las personas y transformar los centros laborales en espacios verdaderamente funcionales.
De acuerdo con la ONU, una vivienda adecuada debe garantizar acceso directo a empleo y servicios. Sin embargo, la realidad urbana en México dista de ese ideal. El estudio La Experiencia Laboral 202667.7% de los profesionales híbridos busca reducir tiempos de traslado, huyendo de trayectos que con frecuencia superan la hora de ida y vuelta. (elaborado por WeWork y PageGroup) revela que el
Reducir los días de asistencia no resuelve el problema si el entorno de trabajo resulta disfuncional. El mismo reporte expone las principales fricciones que enfrentan los trabajadores mexicanos en el esquema presencial:
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37% sufre por el ruido excesivo y la falta de privacidad en espacios abiertos.
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35.9% padece la escasez de mobiliario básico disponible (escritorios o sillas).
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35.2% detecta deficiencias graves en infraestructura básica (estacionamientos, comedores y baños).
Reducir metros cuadrados sin estrategia empeora el panorama: el 12.8% de los colaboradores migró a oficinas más pequeñas en los últimos tres años; de ellos, el 44% reportó un aumento en el ruido y un deterior de la ergonomía. Esto contrasta con las exigencias de las nuevas generaciones: más del 60% de los millennials y la Generación Z condiciona su satisfacción laboral a contar con espacios amplios, ordenados, ergonómicos y tecnológicamente equipados.
La flexibilidad real va más allá del home office; se trata de adaptar el espacio a la tarea del momento. De hecho, un 63% de los profesionales prefiere realizar labores de alta concentración fuera de la oficina central, y un 16% opta directamente por espacios de coworking.
«Un equipo no trabaja igual a las nueve de la mañana que a las cuatro de la tarde: en un mismo día necesita silencio para concentrarse, una sala para tomar decisiones en conjunto y un lugar privado para atender una llamada. Una oficina fija obliga a las personas a adaptarse al espacio, cuando debería ser al revés», señala Claudio Hidalgo, presidente de WeWork para Latinoamérica.
Con 2,800 millones de personas en el mundo enfrentando viviendas inadecuadas (ONU-Hábitat), las empresas tienen la oportunidad de replantear cómo sus decisiones urbanas impactan la calidad de vida de sus equipos.
En este contexto, los espacios de trabajo colaborativo o coworking emergen como una extensión natural del modelo híbrido. Sin eliminar la sede corporativa, actúan como nodos de cercanía que ofrecen cabinas telefónicas, salas de juntas y estaciones de concentración a minutos del hogar.
Como concluye Hidalgo: «Hablar de hábitat es hablar de cómo vivimos la ciudad todos los días. Nuestro papel es ofrecer espacios que se adapten a las distintas formas de trabajar y estén más cerca de donde vive la gente, para que cada hora invertida en la jornada realmente valga la pena».

