Periodistas Unidos. Ciudad de México a 22 de julio de 2026.- En México, el retail ya opera como infraestructura financiera informal: tiendas de conveniencia, supermercados y comercios de barrio reciben pagos de servicios, entregan efectivo y procesan transferencias cotidianamente. Lo que falta, en la mayoría de los casos, es la tecnología que formalice y amplíe esa capacidad con trazabilidad y transparencia.
Los números respaldan esa lectura: según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024 del INEGI y la CNBV, el 56.5 % de la población adulta utilizó corresponsales financieros en establecimientos comerciales durante el último año. La gente ya va al comercio para resolver sus necesidades financieras. El sistema solo tiene que cumplir la función de servir al usuario en un entorno de confianza ya establecida.
Esta confianza es el activo más difícil de construir en el sector financiero y el más fácil de perder. El comercio de barrio y la cooperativa local la tienen acumulada durante años de relaciones cotidianas. El banco digital llega como una aplicación sin rostro, sin historia y sin comunidad.
«Los puntos de venta físicos y las comunidades que se mueven de lo offline a lo digital son canales con infraestructura humana consolidada. El reto es habilitar estas interacciones y relaciones de confianza con herramientas tecnológicas para three que puedan ofrecer servicios financieros reales, no solo transacciones aisladas», afirma Ernesto García, CEO de AurumCore.
Las PyMES enfrentan el mismo vacío. Una empresa mediana que pudiera ofrecer ahorro, pagos o acceso a crédito a sus propios empleados y clientes –sin depender de un banco– no solo crecería: construiría lealtad y generaría su propio ecosistema financiero. El problema es estructural: la bancarización de la región nunca fue diseñada para ellas y eso explica por qué el acceso a servicios financieros en este segmento sigue siendo una deuda pendiente.
El fenómeno de las comunidades digitales como plataformas de inclusión financiera está tomando forma en otros mercados a una velocidad que el sector tradicional no anticipó y que serán presentadas como el próximo unicornio. El caso más llamativo es el del creador de contenido Jimmy Donaldson (MrBeast), quien a través de Beast Industries adquirió el 9 de febrero de 2026 la fintech Step, enfocada en jóvenes y con casi siete millones de usuarios para construir sobre esa base la plataforma MrBeast Financial, que contempla banca digital, herramientas de crédito y servicios con activos digitales. La lógica no es bancaria: es comunitaria. MrBeast no está vendiendo un producto financiero a desconocidos; está ofreciendo servicios a una audiencia de más de 450 millones de personas que ya confía en él.
En mercados como América Latina las posibilidades son inmensas y la base para bancarizar ya está ahí. Este modelo que se presenta como la panacea, revela algo que el sistema financiero formal ha tardado en comprender: la confianza previa es el activo más valioso en la incorporación de nuevos usuarios. Quien ya tiene esa confianza (el tendero, la red de comercio en WhatsApp, el creador de contenido con millones de seguidores) tiene también la llave de acceso a segmentos que ningún banco digital ha logrado activar.
Según el Banco Mundial, más de 1,400 millones de personas permanecen fuera del sistema financiero formal en el mundo y la mayoría tiene acceso a un teléfono móvil (con datos del reporte Global Findex). La brecha no es de tecnología: es de canal y de confianza.
Esa es precisamente la apuesta de AurumCore: proveer la infraestructura tecnológica que permite al retail, a las comunidades y a las PyMES convertirse en puntos de acceso a servicios financieros reales, con la solidez operativa de un sistema bancario y la cercanía de los canales donde la gente ya está. No es necesario ser un banco o una celebridad del mundo digital para ofrecer servicios financieros útiles y confiables. Es necesario tener la tecnología correcta y entender dónde vive el usuario.
«La inclusión financiera no se construye esperando que la gente abra una cuenta en una app. Se construye integrando servicios financieros en los espacios donde la gente ya está y ya confía», señala García.

