Periodistas Unidos. Ciudad de México a 10 de julio de 2026.- El torneo global de futbol no solo es la edición más grande en la historia de ese reconocido deporte; también representa uno de los mayores desafíos de ciberseguridad jamás enfrentados por un evento deportivo global.
Con 48 selecciones nacionales, 104 partidos y 16 ciudades sede distribuidas entre México, Estados Unidos y Canadá, este evento dependerá de una infraestructura tecnológica altamente conectada que integra sistemas de venta de boletos, plataformas de streaming, redes de telecomunicaciones, aeropuertos, hoteles, aplicaciones móviles, servicios financieros y miles de proveedores que intercambian información en tiempo real.
«Este torneo es un claro ejemplo de cómo la transformación digital incrementa tanto las oportunidades como los riesgos. Hoy las organizaciones operan con múltiples nubes, aplicaciones, proveedores y millones de datos en movimiento. En este contexto, la pregunta ya no es únicamente cómo evitar un ataque, sino qué tan rápido puede recuperarse una empresa cuando ese ataque ocurre», señaló Bruno Lobo, General Manager para Latinoamérica de Commvault.
Un escenario de alta exposición
Durante los Juegos Olímpicos de Tokio, los organizadores reportaron más de 450 millones de eventos de ciberseguridad dirigidos contra la infraestructura tecnológica del evento. Para los Juegos Olímpicos de París 2024, la Agencia Nacional para la Seguridad de los Sistemas de Información de Francia (ANSSI) reforzó sus capacidades de defensa ante el incremento esperado de ataques, mientras que organismos como el National Cyber Security Centre (NCSC) del Reino Unido alertaron sobre el aumento de campañas de phishing, robo de credenciales y fraudes digitales vinculados con competencias deportivas internacionales.
«Donde se concentra la atención del mundo, también aumenta el interés de los ciberdelincuentes. Este evento demuestra que cualquier organización con operaciones distribuidas enfrenta hoy desafíos similares», agregó Lobo.
La Inteligencia Artificial acelera el riesgo
La rápida evolución de la Inteligencia Artificial está modificando el panorama de amenazas.
Los modelos avanzados de IA permiten descubrir vulnerabilidades de software en mucho menos tiempo, reduciendo también la ventana disponible para corregirlas antes de que sean explotadas por actores maliciosos.
El impacto económico ya es significativo. De acuerdo con el Cost of a Data Breach Report 2025 de IBM, el costo promedio global de una brecha de seguridad asciende a 4.44 millones de dólares. Al mismo tiempo, el Foro Económico Mundial estima que el número promedio de ataques cibernéticos semanales por organización prácticamente se duplicó en cuatro años, al pasar de 818 incidentes en 2021 a cerca de 2,000 en 2025.
Este panorama obliga a las organizaciones a replantear su estrategia de ciberseguridad.
«La prevención sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente. Las empresas necesitan garantizar que podrán recuperar rápidamente sus operaciones, proteger la integridad de su información y mantener la continuidad del negocio incluso después de un incidente», explicó Bruno Lobo.
De los respaldos a la resiliencia empresarial
Para Commvault, la conversación dejó de centrarse únicamente en la protección de datos.
Los ataques de ransomware actuales buscan comprometer primero los sistemas de recuperación, permaneciendo ocultos durante días o incluso semanas antes de cifrar la información crítica de una organización.
Ante esta evolución, cada vez más empresas incorporan Data Clean Rooms (DCRs): entornos aislados donde es posible restaurar, analizar y validar la información antes de devolverla a producción, reduciendo el riesgo de reintroducir malware o datos comprometidos.
«El objetivo ya no consiste únicamente en recuperar información. Lo realmente importante es recuperar datos íntegros y confiables que permitan restablecer la operación con seguridad», comentó Lobo.
La resiliencia, una prioridad para la alta dirección
Para Commvault, la infraestructura tecnológica que sostiene el torneo global representa una analogía de lo que ocurre actualmente en miles de organizaciones alrededor del mundo.
La digitalización, el uso de servicios en la nube y la incorporación de Inteligencia Artificial han incrementado la complejidad de los entornos empresariales, haciendo que la resiliencia digital deje de ser una responsabilidad exclusiva del área de TI para convertirse en una prioridad estratégica del negocio.
«La ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de evitar incidentes, sino de la capacidad para recuperarse rápidamente, minimizar el impacto operativo y preservar la confianza de clientes, socios e inversionistas. Esa será una de las principales lecciones que deja el torneo para las organizaciones», concluyó Bruno Lobo.

