Periodistas Unidos. Ciudad de México. 15 de septiembre de 2025.- Nepal se sumerge en una espiral de violencia que amenaza la frágil democracia del país himalayo, donde protestas juveniles contra la corrupción y la censura digital han derivado en ataques devastadores contra la prensa. Al menos 19 personas murieron el 8 de septiembre por la represión policial, y el 9 de septiembre, más de una docena de medios de comunicación y tres organizaciones periodísticas fueron incendiados o vandalizados en al menos ocho localidades, dejando a cinco periodistas heridos, según denunció Reporteros Sin Fronteras (RSF). En medio del caos, el Ejército asumió el control de la seguridad nacional y una jueza de la Corte Suprema, Sushila Karki, fue designada primera ministra interina para intentar estabilizar un Gobierno tambaleante.
Las manifestaciones, impulsadas por jóvenes indignados contra la élite política y la suspensión de 26 plataformas de redes sociales –justificada por el Ejecutivo por incumplimiento de directivas de registro–, estallaron el 8 de septiembre en Katmandú y ciudades como Butwal, Pokhara y Chitwan. Exigiendo reformas electorales y el fin de la represión en línea, los protestantes chocaron con fuerzas de seguridad que respondieron con balas de goma y gases lacrimógenos, dejando un saldo trágico de 19 fallecidos, la mayoría por disparos. El día siguiente, la furia se volcó contra los medios, percibidos por algunos manifestantes como cómplices del statu quo, en una escalada que RSF califica de «inaceptable» y que ha silenciado voces clave en un momento de máxima inestabilidad.
En Katmandú, el epicentro de los disturbios, el Kantipur Media Group (KMG) –dueño de los diarios Kantipur, el portal ekantipur.com y The Kathmandu Post– vio sus oficinas en Thapathali reducidas a cenizas, al igual que las residencias de sus propietarios, Kailash Sirohiya y Rameshwor Thapa. En Tinkune, Kantipur TV y Radio Kantipur quedaron destruidos durante una transmisión en vivo: manifestantes irrumpieron en la sala de redacción, obligando al director de noticias Rupesh Shrestha a romper una puerta para evacuar al equipo; Shrestha y el periodista Aneel Bogati fueron agredidos físicamente. Avenues Television, ABC Television e ITV Nepal cesaron emisiones por daños irreparables, mientras el Annapurna Post fue incendiado tras la evacuación de su personal. El Babarmahal Press Center –organización de periodistas maoístas– y las oficinas de ThahaKhabar.com sufrieron saqueos y vandalismo.
La destrucción se extendió más allá de la capital. En Butwal, vehículos de News24 TV y Radio Jagaran fueron quemados; en el distrito de Kaski, motocicletas de Radio Dhorbarahi fueron destruidas y la cámara del redactor jefe de Kendrabhag.com, Govinda Subedi, dañada mientras cubría una protesta. En Chitwan, provincia de Bagmati, las oficinas de Safal Khabar.com y el diario Chure Sandesh fueron saqueadas e incendiadas, el equipo de comunicaciones de Kalika FM destruido, y la casa del director de Kapurbot Media, Santosh Deuja, arrasada. En Ilam, Nepalvani FM y el diario Ilam Express Daily fueron vandalizados; en Sarlahi, provincia de Madhesh, el periodista Rajeev Sah de Mero Shaan fue golpeado mientras filmaba el incendio de una comisaría; y en Saptari, las oficinas distritales de la Federación de Periodistas Nepalíes quedaron destrozadas. Public Service Broadcasting Nepal (PSBN), dueña de Radio Nepal y Nepal Television en Singha Durbar, también fue saqueada.
Los periodistas pagaron un alto precio desde el inicio: el 8 de septiembre, cuatro reporteros resultaron heridos por balas de goma en Katmandú mientras cubrían las protestas iniciales. Shyam Shrestha, camarógrafo de Kantipur TV; Dipendra Dhungana, fotoperiodista de Naya Patrika; Umesh Karki, de Nepalpress; y Shambhu Dangal, periodista independiente, sufrieron impactos que requirieron atención médica. Además, Barsha Shah, reportera de Deshsanchar, fue herida por una piedra lanzada durante los enfrentamientos.
RSF, que ubica a Nepal en el puesto 106 del Índice Mundial de Libertad de Prensa, condenó los hechos con dureza: “Estos violentos ataques contra medios de comunicación durante un levantamiento contra las autoridades son inaceptables. También lo es la violencia policial que ha causado heridas a cuatro periodistas. En tiempos de crisis e inestabilidad, es más importante que nunca proteger el derecho a informar y a estar informado”. La organización insta a la primera ministra interina Sushila Karki, al presidente Ram Chandra Paudel y al Ejército –que ahora controla el país– a garantizar la protección de los periodistas y restaurar la libertad de prensa como pilar de la democracia. “Es fundamental que la libertad de prensa se establezca como un derecho inalienable”, enfatizó RSF.
Nepal, con más de 1.400 diarios y 800 emisoras registradas, ha transitado de la monarquía absoluta a la república federal en 2008, pero persisten tensiones entre poder y medios. La Federación de Periodistas Nepalíes reporta un aumento del 40% en incidentes contra reporteros desde el estallido de las protestas, y teme que el control militar profundice el vacío informativo. Con elecciones anticipadas en el horizonte, esta crisis no solo destruye oficinas y equipos, sino la confianza en un sistema que depende de la verdad para reconstruirse. Para los periodistas nepalíes, heridos pero resilientes, el fuego ha cobrado su infraestructura, pero no su voluntad: en la fragilidad de la democracia, la prensa sigue siendo el faro que ilumina el caos.

