‘Autos, mota y rocanrol’ revive en la pantalla grande los 54 años del ‘Woodstock mexicano’

EFE. Ciudad de México. 12 de septiembre de 2025.- Han pasado 54 años desde el Festival de Avándaro, el ‘Woodstock mexicano’ considerado “el último acto de rebeldía de la juventud” encendido por el rock setentero, que hoy vive en la memoria fotográfica de la mexicana Graciela Iturbide y el falso documental ‘Autos, mota y rocanrol’ del director José Manuel Cravioto.

Entre mitos, materiales perdidos y cientos de fotografías –muchas de ellas de Iturbide (1942), considerada la mejor de su época–, el cineasta, de la mano del productor mexicano Javier Nuño, contó que buscó relatar el “lado B del festival de contracultura más importante en la historia de México”.

Para el realizador, esta fiesta, bautizada originalmente como ‘Rock y Ruedas de Avándaro‘, en una localidad del Estado de México, representó “el último gran acto de rebeldía de la juventud” de los setenta, conformada ese 11 y 12 de septiembre por 300.000 jóvenes aún marcados por la masacre de Tlatelolco 1968 y la masacre de Corpus Christi en 1971, conocida como el ‘Halconazo‘.

“A mí me gusta el lado B, los contrastes; se me hace más divertido buscarle, rascarle y no hacer lo que todo el mundo hace de adaptar ‘best sellers’”, relató Cravioto, quien con este filme expone una de las historias menos conocidas de Avándaro: la de sus organizadores, el expresidente de la Federación Mexicana de Fútbol, Justino Compeán, y Eduardo ‘el Negro’ López Negrete.

Al encontrarse un día con Compeán –quien había presentado un libro con las imágenes de Iturbide– comprendió que el origen del festival, calificado como un “degenere” de drogas y sexo por el Gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) y los medios conservadores, estaba en el intento de dos amigos de clase alta de hacer un evento “fresa” sobre carreras de autos deportivos.

“El origen de este festival se trataba una vez más de los contrastes de México, que son los temas que a mí me encantan”, subraya Cravioto, también realizador de ‘Diablero‘ y miembro del equipo de dirección de la temporada dos de ‘Berlín‘, la serie derivada de ‘La casa de papel‘.

Autos, mota y rocanrol‘ fue filmada en 16 milímetros y con cámaras Super 8, y cuenta con las actuaciones de Emiliano Zurita (Justino) y Alejandro Speitzer (Eduardo), quienes, en una mezcla de realidad y ficción, interpretan con humor a los organizadores de esta fiesta en Avándaro, un asentamiento turístico del Estado de México rodeado por residencias de lujo.

Cravioto sostiene que en México se le sigue “echando la culpa a la música” por los males del país, como sucedió en los setenta con Echeverría que silenció el rock, solo que ahora es con los “corridos tumbados”, refiriéndose a la postura del Gobierno de México que los definió como un género de “apología a la violencia”.

“En lugar de echarle la culpa a la corrupción, echarle la culpa a que no hay un plan de seguridad real es muy fácil echarle la culpa a la música, como cuando decían que el rock era desmoralizante”, argumentó.

El documental se estrena durante el marco del Festival de Avándaro y está disponible en cines mexicanos como una invitación a revivir las “comuniones sociales” alejadas de lo que dicta la industria musical y las redes sociales.