Rodrigo Álvarez Flores explora la soledad y la migración en Tijuana con estreno de «Soy lo que nunca fui»
Por Alejandro Meléndez
Por Alejandro Meléndez
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 12 de noviembre de 2025.- Mañana, 13 de noviembre, llega a las salas de cine mexicanas «Soy lo que nunca fui», la ópera prima del director tijuanense Rodrigo Álvarez Flores. Esta película, que entrelaza tres historias sobre la soledad, el desamor y los impactos emocionales de la migración, se presenta como un retrato crudo y pertinente de la frontera norte, inspirado en el estilo narrativo de Robert Altman en «Vidas Cruzadas» (Short Cuts, 1993). En una entrevista, Álvarez Flores compartió su emoción por este cierre de ciclo y cómo la cinta resuena en el contexto actual de movilidad humana.

«Me siento contento, como cerrando un ciclo desde que dije ‘quiero hacer cine’ hasta llegar a exhibir la película y compartirla con el público», expresó el director, quien debutó en el séptimo arte tras un largo trayecto. Álvarez Flores, quien se mudó a Tijuana en 1999, reconoció las dificultades del cine mexicano para llegar a las salas generales, pero enfatizó que esta obra es «muy pertinente en el entorno social actual, sobre todo por la cuestión de migración«. En un momento en que Tijuana acoge no solo a mexicanos, sino también a comunidades haitianas, venezolanas, salvadoreñas y de otros orígenes, la película enfoca no en quienes parten, sino en los que se quedan, lidiando con vacíos emocionales y familias fracturadas.
Escrita en 2018, la cinta incorpora experiencias personales del director, como los traslados constantes de su familia por el trabajo de su padre, que lo llevaron a cuestionar su sentido de pertenencia. «De niño crecí con esta idea de ‘dónde soy, a dónde voy, qué amigos tengo'», confesó Álvarez Flores, ventilando lo que llama «sus traumas». Estos elementos se reflejan en los personajes: Gabriela (Ángeles Cruz), una mujer que espera señales para reconstruir su vida; Renato (César Cancino), quien busca escapar de la ciudad; y Abel (Ari López), en una búsqueda interna emocional. La actriz Ángeles Cruz, elogiada por su mirada expresiva, fue elegida directamente por el director, quien priorizó los silencios y las miradas como herramientas narrativas.

Los silencios son un pilar de la película, criticando el patriarcado que impone la represión emocional y reproduce la violencia. Este fenómeno se debe a que, en el patriarcado, siempre existen silencios que impiden expresar la forma de pensar o sentir. Álvarez Flores agregó: «Los silencios los incorporé desde el casting. Imaginé a los personajes en una soledad que podía transmitir ternura, pero también un rango de desgaste, cansancio y, al mismo tiempo, esperanza». Estos momentos provienen de un viaje personal y de anécdotas reales, como un auto en llamas reinterpretado en la trama o diálogos inspirados en vivencias propias y de conocidos. Tijuana, descrita por él como una ciudad «rara, un cóctel cultural que inquieta y despierta curiosidad», sirve de telón de fondo, capturando su constante tránsito, violencia y silencios.
La recepción internacional ha sido efusiva, especialmente entre comunidades latinas en Texas y California, donde migrantes de primera y segunda generación se identifican con el enfoque en los que quedan atrás. «Les generaba un revuelto de emociones, agradeciéndome por enfocarme en ese lado», relató el director. En cuanto al estilo, Álvarez Flores se inspiró en filmes que marcaron su adolescencia, como «Amores Perros» de Alejandro González Iñárritu, «Magnolia» de Paul Thomas Anderson y «El Callejón de los Milagros» de Jorge Fons. «Son películas que te permiten entender distintos puntos de vista, entrar en el alma de otra persona», explicó, justificando la estructura de vidas cruzadas, aunque su próximo proyecto será lineal.
Álvarez Flores ve con optimismo el auge del cine del norte de México, citando obras como «Un Mundo Mejor» de Janet Juárez y «Valentino a la Serenidad» de Ángeles Cruz. «México es grande y nuestra representación en el cine no ha mostrado todas las caras. Estamos mejor que hace 10 años», afirmó, destacando la diversidad de miradas en Baja California.
Para el público, el director espera que disfruten de un «cóctel de géneros: romance, acción, drama», diseñado para la pantalla grande. «Es una película que hice pensando en el espectador, con la que puedan conectar», dijo, mencionando que su propia madre la ha visto cuatro veces. En el horizonte, prepara «Rancheros», un proyecto que explora la cultura del norte y que recientemente ganó un premio de pitching.
«Soy lo que nunca fui» no solo estrena en cines, sino que invita a reflexionar sobre la migración, la soledad y los silencios que definen la frontera. Una voz fresca desde Tijuana que promete más.