Glup!: Crónica de una revolución pop chilena

Por Ulises Tapia Pichardo @ulisespichardo

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 24 de mayo de 2025.- A mediados de los años noventa, mientras Chile comenzaba a vivir una efervescencia musical postdictadura, en la sureña ciudad de Osorno nacía una banda con una estética y propuesta sonora que cambiaría el panorama del pop nacional. Tres hermanos, Cristián «Koko», Rodrigo y Vid Stambuk, compartían una pasión por la música y una inquietud artística inusual para su entorno. Su primer experimento se llamó Merlin, un proyecto de corte electrónico que pronto mutaría a algo más cercano al britpop que dominaba los charts mundiales. Junto al tecladista Marcel Molina, decidieron cambiar de nombre y rumbo: así nació Glup!

El nombre, con su exclamación juguetona, resumía la actitud con la que la banda enfrentaría la escena: irreverente, fresca, con una ironía contagiosa. Pronto se sumó el guitarrista Gustavo Labrín, y con él la banda comenzó a ganar notoriedad teloneando a grupos como Machuca y Santos Dumont. Esta etapa temprana les dio la oportunidad de foguearse en escenarios en vivo y probar su estilo frente a públicos diversos.

La primera grabación de estudio fue un intento fallido que casi los lleva a abandonar la idea de lanzar un álbum. Pero la decisión de trabajar con el productor Cristián Heyne y el experimentado ingeniero Barry Sage (colaborador de Bowie y los Rolling Stones) dio nueva vida al proyecto. El resultado fue su primer sencillo, «Freebola«. Aunque fue comparado con «Girls & Boys» de Blur, en Chile no hubo otra canción que definiera mejor el fin de milenio para los adolescentes que buscaban identidad y ritmo.
Un anécdota recurrente entre los fans es que, al sonar «Freebola» por primera vez en una radio santiaguina, los líneas telefónicas colapsaron con oyentes que preguntaban si era una banda británica. «Fue uno de esos momentos en los que entendí que habíamos hecho algo distinto», diría luego Koko en una entrevista. En 1999, con el éxito de «Quiero que me quieran» —tema central de una telenovela— la banda alcanzó un nuevo nivel de exposición, llegando incluso al escenario del Festival de Viña del Mar, donde fueron ovacionados por un público que coreaba cada verso.

El disco «1999» fue una declaración de principios: melodías bailables, letras que retrataban el desencanto juvenil, y una estética visual vanguardista para su época. El videoclip de «Campo de frutillas«, dirigido por Koko, mezclaba psicodelia con referencias pop, algo inusual en el Chile televisivo de entonces.
A pesar del éxito, Glup! no se quedó en la fórmula fácil. Para su segundo álbum, «Wellcome Polinesia«, incorporaron influencias de Manu Chao, Los Fabulosos Cadillacs y ritmos más latinos. El videoclip de «Enamorado de ti» contó con la participación de la actriz Adriana Vacarezza y fue filmado en una sola toma continua, una proeza técnica que generó elogios.

No todo fue miel sobre hojuelas. En 2002, los cambios de alineación y la presión discográfica pusieron a prueba a la banda. Gustavo Labrín y Tim Picchetti abandonaron Glup!, mientras que Rodrigo Vizcarra entraba como nuevo guitarrista. Aún así, viajaron a Buenos Aires a grabar en Circo Beat, estudio de Fito Páez. El disco que nació allí incluyó temas como «Mi destino» y «Puta jefe«, esta última censurada en varias radios por su lenguaje. «No queríamos sonar bonitos, queríamos sonar reales», declaró Koko, quien se mostraba cada vez más crítico del sistema.

En 2003, la banda se disolvió. Koko comenzó una carrera como productor que lo llevó a trabajar con figuras como Supernova y Kudai, mientras que Rodrigo Vizcarra y Gustavo Labrín fundaron Tronic. El silencio duró hasta 2011, cuando Glup! regresó con un concierto en Blondie que agotó entradas en pocas horas. Fue una noche cargada de nostalgia, en la que miles de adultos jóvenes revivieron su adolescencia al ritmo de «Freebola».

En 2019 lanzaron «Chingale«, tema con aires urbanos y modismos mexicanos, reflejando el arraigo de algunos de sus miembros en México. Tras la pandemia, volvieron a presentarse en vivo y lanzaron una versión pop de «Provenza» de Karol G, demostrando que siguen atentos a las nuevas corrientes musicales sin perder su identidad.

Glup! no solo marcó a una generación; demostró que el pop chileno podía ser contestatario, bailable y sofisticado al mismo tiempo. Su legado sigue vivo, no solo en sus canciones, sino en la forma en que abrieron las puertas a una nueva forma de hacer y vivir la música en Chile.