Periodistas Unidos. Ciudad de México. 10 de noviembre de 2025.– Lo que comienza como un relato de crimen, deseo y sospecha —una mujer muerta en un estudio alquilado, un escritor acusado, un entramado de corrupción— se transforma en una profunda exploración de la culpa, la autodestrucción y la fragilidad de las versiones con las que sostenemos la realidad. En Muerte sin testigo (disponible ya en librerías y plataformas digitales), Óscar Xavier Altamirano lleva la tensión del thriller a un nivel poco común: el de la complejidad interior.
Frankie Armstrong, el protagonista, es un escritor en crisis creativa, sentimental y vital. Vive en Manhattan con su esposa Maddie y alquila un estudio a Lauren McKellen, una exmodelo y fotógrafa hallada muerta allí. Frankie fue la última persona en verla con vida tras una noche de confesiones y atracción prohibida. Todas las miradas —incluida la de su mujer— lo señalan. Pero el círculo se estrecha más: su familia, sus seguidores y su propia obra —una novela que ataca los poderosos círculos de la fabricación de armas en Estados Unidos, salpicando a su hermano— amenazan su frágil equilibrio psicológico, agravado por las secuelas de un accidente que lo han dejado sin impulso creativo.
«Nunca me propuse escribir un thriller. Yo era ensayista, investigador, docente. Un buen día les pedí a mis alumnos de licenciatura que hicieran un ejercicio de creación literaria, asegurándoles que, si lo hacían, tendrían el comienzo de una buena historia. Ocurrió que ninguno, excepto yo, hizo el trabajo, y ahí las primeras cuarenta páginas de la dichosa novela», confiesa Altamirano.
La novela desarma el andaamiaje clásico de la novela negra para construir un relato psicológico íntimo, alimentado por el silencio y la ambigüedad. Nueva York no es un decorado cosmopolita, sino una extensión del laberinto interior del protagonista: fría, luminosa y cruel. El crimen adquiere valor simbólico, y la intriga no depende de encontrar un culpable, sino del proceso en que un hombre enfrenta los motivos ocultos detrás de sus decisiones.
«Cuando estaba a punto de terminar la novela sabía exactamente a dónde quería llegar, pero no tenía la más remota idea del camino. De pronto me sentí como Frodo cuando llega a Mordor. Todo lo que tenía que hacer era lanzar el anillo, y es ahí, justamente, cuando me asaltó el enano», agrega el autor.
Altamirano no busca redimir ni condenar a sus personajes; los observa con respeto. El resultado es un texto de múltiples capas donde la memoria se falsifica con la misma facilidad que un testimonio ante la prensa. Lejos de la pirotecnia del thriller convencional, Muerte sin testigo mantiene al lector al borde del asiento por recursos profundos y humanos: el desdoblamiento de las emociones, la duda, la contradicción.
Óscar Xavier Altamirano, ensayista, narrador, columnista y colaborador de Este País, Letras Libres, La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Reforma y Milenio, es catedrático especializado en literatura estadounidense y británica del siglo XIX. Autor de Poe: el trauma de una era (2015), pasó su infancia en Málaga, México y California. En su debut novelístico, asume con naturalidad los códigos del noir anglosajón sin sus formulismos, explorando las tensiones de la vida conyugal, los límites de la fidelidad y la delgada línea entre deseo y destrucción.
En tiempos donde el ruido reemplaza a la comprensión, su escritura propone algo raro y necesario: responsabilizarse de lo propio para generar conexiones con los demás. Muerte sin testigo es una caída al interior de otra, mucho más grave y urgente, sobre la cual encontrar un poco de luz se vuelve verdaderamente esencial.

