Cristina Rivera Garza: “La verdadera justicia es que el feminicidio no ocurra nunca más”

Por Alejandro Meléndez

Periodistas Unidos. Ciudad de México 03 de noviembre de 2025.- En el auditorio del Colegio Nacional, la escritora Cristina Rivera Garza, integrante de esta institución, y el artista Saúl Hernández Vargas presentaron la conferencia-performance Cuchillos como hojas: Reescribir el feminicidio, nombrarlas en el barro. El acto, realizado en el Día de Muertos, transformó el Patio de los Naranjos en un espacio ritual donde el público inscribió nombres de víctimas de violencia de género en bandejas de barro, evocando los “cuchillos de historias” de las niñas yupik de Alaska.

El foco de la intervención de Rivera Garza fue la justicia en México ante el feminicidio, un delito que, afirmó, las instituciones legales han negado sistemáticamente. «Buscamos justicia, no solo la que las instituciones nos han negado tantas veces, sino esa otra justicia más amplia, más duradera, quizá incluso cósmica por naturaleza», declaró. La describió como restaurativa, nacida “de la mano de la verdad” y del acto de pronunciar un nombre completo, con su vida, contradicciones y porvenir.

Rivera Garza vinculó el ritual al caso de su hermana Liliana, asesinada en 1990. Relató cómo, tras décadas de impunidad, la investigación familiar y su libro El invencible verano de Liliana (2021) permitieron reescribir la narrativa oficial. “La verdadera sanación viene de la justicia: que esto no ocurra ya más”, enfatizó, citando a la exfiscal Sayuri Herrera. «El ‘nunca más’ que gritamos en las marchas es la aspiración real».

La performance subvierte el borramiento patriarcal: los cuchillos, transformados en “hojas” de cobre y latón por Hernández Vargas, inscriben en barro para evocar y borrar, resistiendo el silenciamiento estatal. «Escribir en la tierra es borrar, pero en el barro las letras germinan y con ellas la memoria», leyó Rivera Garza.

En el Patio de los Naranjos, Rivera Garza inició el ritual arrodillándose ante una bandeja y trazando con una hoja de cobre: Liliana Rivera Garza 1969-1990. Varias asistentes se sumaron: las periodistas Marcela Turati y Edith Roguti  participaron, mientras otras personas evocaron a familiares, amigas y mujeres desconocidas. El público, en procesión, escribió decenas de nombres que fueron fotografiados para el archivo del Colegio Nacional.

Horas después, Rivera Garza compartió en Instagram: «Hay que hincarse o inclinarse o ponerse de cuclillas. Para invocarlas, escribiendo sus nombres sobre la tierra, es necesario cambiar la posición del cuerpo. Gracias de corazón a los que nos acompañaron hoy —los que abrazaron y lloraron y platicaron e, instintivamente, bajaron la voz. El susurro del encuentro y de la paz. El murmullo ante lo sagrado en ese patio de naranjos. La escritura es, también, un ritual, y nos abraza a todes. Los quiero».

Rivera Garza rechazó la idea de “dejar ir” el duelo: “No se acaba; se renueva. Decir ‘nuevo hola’ incorpora a las víctimas a nuestras vidas”. Insistió en que la justicia institucional falla, pero el ritual colectivo amplía el cuidado comunitario y la memoria colectiva. “Toda la sociedad perdemos cuando nos arrebatan a una mujer con violencia”, concluyó.

El evento, con videos de la tumba de Liliana y música de Matías Rivera de Hoyos, hijo de la escritora, cerró con una invitación a replicar el ritual: tierra, agua y una hoja para nombrar y resistir.