Barberías en Ciudad de México desafían las normas de género más allá del cabello
Por María Julia Castañeda
EFE. Ciudad de México. 28 de junio de 2026.- En Ciudad de México, algunas barberías están desafiando las normas de género del sector al dejar atrás categorías como «corte de dama» y «corte de caballero» para construir espacios seguros para la comunidad LGTBI, ‘queer’ y no binaria.
En su barbería Diablites Klub, León Castillo entiende el cuidado como una forma de resistencia, que empieza por «no imponer» y se expresa en gestos tan simples como preguntar antes de cortar.
«No es fácil poner un letrero que diga ‘espacio seguro’. Lo tienes que hacer seguro todas las veces», afirma Castillo.
Primero, pregunta el nombre y los pronombres, y confirma, una y otra vez, que entendió lo que la persona quiere antes de acercar la máquina o las tijeras.
Su forma de trabajar, explica, está atravesada por su propia experiencia como hombre trans y por las veces que otros decidieron por su cabello, una historia que hoy escucha entre quienes se sientan en su silla.
«Si yo tuviera un peso por cada persona que me ha dicho: ‘no me lo han querido cortar como yo quiero’. Bueno, yo ya estaría en una mansión», bromea.
Fer León llegó a su silla hace tres años, cuando comenzó su reafirmación de género, y desde entonces encontró un lugar donde existir dejó de ser «tan cansado», relata.
Ahí dejó de pelear por el corte que quería, cuenta, algo que le ofreció «mucho descanso» después de pasar buena parte de su vida enfrentando cuestionamientos incluso en la estética.
Lo que antes «representaba algo que aprisionaba a mi persona», hoy «significa autonomía», resume León.
«No sabía que tenía el derecho a existir como yo quisiera», afirma.
Compartir autonomía
Algo tan simple como un corte de cabello puede regalar «euforia de género», dice Castillo. Pero apropiarse de esa decisión «no es fácil», porque significa desafiar las estructuras que durante años dictaron qué cuerpos merecían qué cortes.
Con el tiempo, esa forma de entender el cuidado lo llevó a enseñar técnicas de autocorte para que la autonomía también pudiera compartirse.
«Es regresarles un poco la autonomía que nos han quitado de poder decidir sobre nuestro cabello», sostiene el barbero.
Fue durante uno de esos talleres donde conoció a Yore Valero, estilista colombiano, y de esa colaboración nació el Club de Todix.
Hoy impulsan una red para compartir conocimientos y organizar jornadas de cortes según las necesidades de distintas comunidades, principalmente personas de la diversidad sexogenérica, aunque su trabajo también alcanza a otros grupos que enfrentan barreras de acceso.
Su apuesta, dicen, nunca fue solo cortar cabello, sino ofrecer un «refugio» y «honrar la confianza» que cada persona deposita en sus manos.
Sin etiquetas
En La Estética Unisex, Valero cobra por el tiempo y el largo del cabello, no por el género del corte, explica. Aquí tampoco existen etiquetas ni diferencias de precio entre «corte de dama» y «corte de caballero».
«Desde cómo nombras las cosas, ya vas reestructurando cómo te acercas al corte mismo. Nombrar los servicios ya cambia la cosa», dice Valero, quien prefiere evitar los pronombres, pero se identifica como «elle» o él.
Con frecuencia, dice, llegan personas a quienes, después de recibir el mismo corte que un hombre, les cobran más porque fueron leídas como mujeres. Otras llegan tras haber salido de una estética con un corte distinto al que pidieron por romper con las expectativas de género.
«No tienes que ser ‘queer’ para enfrentarte a la imposición de los estereotipos de género», señala.