Caravana por la Paz libera almas y exige justicia en el tercer aniversario del asesinato de sacerdotes jesuitas en Chihuahua

Por Alejandro Meléndez / Edición: Patricia Mayorga / Raichali

Por Alejandro Meléndez

Edición: Patricia Mayorga / Raíchali

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 22 de junio de 2025.- En el corazón de la Sierra Tarahumara, donde la Sierra de Chihuahua acunan los sueños y alegría de los rarámuri, en la comunidad de Pitorreal se reunieron el 19 de junio de 2025 para bordar una manta de memoria y esperanza. La Caravana por la Paz se desplegó bajo un cielo inmenso, una peregrinación solemne y vibrante para conmemorar y exigir justiciaJoaquín César Mora Salazar, conocido como “Morita” y Javier Campos Morales, llamado “Gallo”, junto a Pedro Palma y Paúl Berrelleza, cuyas vidas fueron robadas el 20 de junio de 2022. En “Las Cruces”, donde sus cuerpos fueron hallados, desechados como ofrendas olvidadas, los rarámuri danzaron, sus pies removiendo la tierra en ritmos sagrados, sus violines cantando al cielo. No era un simple memorial, sino un ajuste de cuentas espiritual, el cumplimiento de la creencia rarámuri de que tres años deben pasar para liberar las almas de los difuntos, para guiarlas al abrazo de onorúame (Dios), donde puedan descansar en luz eterna. en el tercer aniversario del brutal asesinato de los sacerdotes jesuitas

Las Cruces. Foto: Alejandro Meléndez

Los rarámuri, pueblo cuyo nombre significa “los que corren ligeros”, ven la vida como un baile fugaz con la tierra, un viaje donde cada paso es un acto de amor por el suelo, por la comunidad, por el Creador que respira a través de los pinos y los ríos. Su cosmovisión sostiene que el alma, atada al mundo por hilos de memoria y dolor, necesita tiempo para desenredarse, para ascender sin peso. Durante tres años, las almas de Gallo, Joaquín, Pedro y Paúl permanecieron, llevadas en los corazones de quienes los amaron, hasta este tercer aniversario, cuando la comunidad se congregó para soltarlas. Con danzas yumári y matachines, junto al lamento dulce del violín, los rarámuri construyeron un puente invisible hacia el cielo, un sendero para que las almas encontraran su destino. Margarita González, autoridad rarámuri, lo expresó con claridad, y el padre Esteban Cornejo lo repitió: “Con esta tercera fiesta cumplimos, que no estemos tristes, que sea alegre, para que ellos no estén tristes ni nosotros”. En “Las Cruces”, donde la muerte dejó su marca, la comunidad transformó el luto en bendición, declarando: “Aquí los tiraron como basura, pero los recogimos porque son valiosos. Bendecimos este lugar para que no sea de muerte, sino de vida”.

San Rafael. Foto: Alejandro Meléndez

La tragedia del despojo occidental sobre un pueblo indígena que marcó este lugar fue obra de José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, líder de “Los Salazar”, una célula especial del Cártel de Sinaloa que siembra terror en Chihuahua y Sonora. Con un historial de extorsiones, secuestros y asesinatos, incluido el de un turista estadounidense en 2018, “El Chueco” irrumpió en Cerocahui la madrugada del 20 junio de 2022 tras una disputa por un partido de béisbol. Iba por dosnjoevenss que le hablaron al equipo que él patrocinaba: Paúl Osvaldo y Antonio Berrelleza Rábago. A los dos se los llevaron y días después, localizaron el cuerpo de Paúl. Antonio logró escapar y sobrevivir.

Bahuichivo. Foto: Alejandro Meléndez

Más tarde, José Noriel tuvo una discusión con el guía de turistas Pedro Palma, a quien golpeó fuertemente y éste buscó refugio en la parroquia de San Francisco Xavier. Lo mató dentro del templo en el altar, asesinó a los dos jesuitas que intentaron protegerlo.

Paso de la Virgen, Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

También se llevaron los tres cuerpos. Estos fueron encontrados en Pitorreal. El cuero de Paúl fue localizado días más tarde en otro lugar.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

El Chueco” fue asesinado en febrero de 2023 en Sinaloa, con un disparo en la cabeza, pero la Compañía de Jesús advirtió que su muerte no es justicia, en un país donde el 96% de los crímenes quedan impunes. Solo Carlos C.R., uno de sus cómplices, está detenido por desaparición agravada, mientras ocho implicados siguen prófugos y los autores intelectuales siguen ejerciendo el terror y burlándose de las autoridades de la zona.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

La Caravana por la Paz, un canto vivo de resistencia, recorrió la Sierra Tarahumara. Lo hizo en conjunto con la sabiduría, armonía y paciencia de los árboles, que han exigido justicia por años de atrocidades. Estos árboles esperan gustosos el momento en que los humanos volvamos a ellos con un sentimiento de lo común, dejando atrás el odio manifestado en la tala inmoderada y los incendios provocados por venganza.
Desde Pitorreal, pasó por San Rafael, donde las danzas rarámuri elevaron plegarias; por Bahuichivo, donde el templo acogió oraciones y burritos compartidos; y por el “Paso de la Virgen”, a la entrada de Cerocahui, donde los pasos resonaron con fe. Vehículos pintados con los nombres de Joaquín y Gallo, adornados con globos, encabezaron el camino, llevando el mensaje de “Brazos abiertos y ánimo”. En Cerocahui, la parroquia de San Francisco Xavier abrió sus puertas para un rosario y una velada que se extendió desde las 9:30 de la noche hasta las 8:00 de la mañana, un testimonio de la resistencia del espíritu sobre el cansancio del cuerpo. Los rarámuri, con su amor por la vida, no solo lloraron a sus mártires, sino que celebraron su legado, un amor que se entrega sin medida, como el sol que no pide nada a cambio por alumbrar.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

El viernes, la eucaristía presidida por el ex obispo de la Diócesis de la Tarahumara, Rafael Sandoval Sandval y el actual obispo, Juan Manuel González Sandoval y quince sacerdotes, incluído el incansable padre Javier “Pato” Ávila, encumbraron el faro de la reflexión, cuando Sandoval habló de compasión, servicio y transparencia, valores que definieron a Gallo y Morita:

“Murieron amando, son mártires de la pastoral, un signo de esperanza para superar el dolor”. Recordó que su sacrificio es un reflejo de los miles de desaparecidos y víctimas de la violencia en México, un país herido, pero no vencido.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

El obispo Juan Manuel González Sandoval añadió: “Caminaron con el pueblo rarámuri y mestizo, amaron estas tierras. Su muerte fue un grito que despertó conciencias en México y el mundo”. El padre Jorge Atilano González, en nombre de la Compañía de Jesús, subrayó el impacto de Cerocahui: “Es un llamado a construir la paz. Recordamos a 120 mil desaparecidos y 90 asesinatos diarios, pero su sangre siembra esperanza”. En un mensaje grabado, Guadalupe, hermana de Gallo, conmovió a los presentes, hermanos y su sobrino que resoplaron cada palabra: “Javier los amó profundamente, ustedes eran todo para él después de Dios. Admiraba su cultura, sus costumbres, y yo los amo a través de él”.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

El amor rarámuri por la vida, que se expresa en cada danza, en cada tortilla amasada, la barbacoa, el tesgüino y el pozole, en cada vela encendida en “Las Cruces”, es un canto a la existencia como un regalo sagrado. Para ellos, vivir es caminar en armonía con la tierra, con los otros, con el misterio que los envuelve. Este amor se hizo tangible en el Jícuri y bacánowa, el rito final donde hierbas y una cobija fueron ofrecidas a la tierra, liberando las almas de los mártires. La comunidad no sólo despidió a sus seres queridos, sino que reafirmó su compromiso de seguir sus pasos, tejiendo la paz con la paciencia de quien hila un ware bajo la luna. La inauguración del Museo de la Memoria, con objetos y fotos de Javier y Joaquín, y la bendición de un oratorio en el antiguo bautisterio de la parroquia, consagrado a los caídos, sellaron este acto de amor colectivo.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

A tres años de la tragedia, la Caravana por la Paz es más que un recuerdo: es un desafío. Los rarámuri y la Iglesia exigen justicia para Gallo, Morita, Pedro, Paúl y todas las víctimas de la violencia en México. Honran a sus mártires con un amor que lucha como los ríos de la sierra ante la sequía ocasionada por el desmedido crecimiento de las transnacionales, los grupos de talamontes y el narcotráfico, encontrando así la fuerza para seguir fluyendo.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez

En Cerocahui, donde la muerte quiso imponer su reino, la vida responde con danzas, con fe, con la promesa de un amanecer donde la paz, como un gallo al alba, canta más libre que nunca.

Cerocahui. Foto: Alejandro Meléndez