Corredor del Niño Dios

Por Lis Enrique Olivares

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 31 de enero de 2026.- La celebración del Día de la Candelaria el 2 de febrero es una de las expresiones más coloridas y sentidas de la religiosidad popular en México. Esta fiesta, que conjuga tradición católica y trayectorias culturales profundas, se vive con especial intensidad en el Corredor del Niño Dios, en las calles de Talavera y Manzanares, en el corazón de La Merced, Ciudad de México.

Decenas de artesanos, restauradores y comerciantes llegan cada año para atender a los devotos que desean vestir y acompañar a su figura del Niño Dios, presente en los nacimientos navideños y símbolo de fe familiar. Las imágenes, llevadas para ser bendecidas en este día, se atavían con vestiduras que representan diversas advocaciones: desde el Santo Niño de Atocha, San Judas Tadeo y el Sagrado Corazón de Jesús, hasta figuras como Cristo Rey o San Antonio Abad. Se cree que, tras tres años consecutivos de vestir y acompañar a la figura, esta puede alcanzar el “grado de santo” y, con ello, está preparada para conceder milagros.

En medio de este vibrante corredor, una figura destaca por su trayectoria y aportación cultural y económica: el Sr. Saúl Uribe Lanzagorta, mejor conocido como “el sastre del Niño Dios”. Desde 1975, Saúl y su familia comenzaron con un pequeño puesto confeccionando y vendiendo ropa, vestidos y accesorios para estas figuras religiosas.

Hoy, su negocio familiar, “Niños Uribe”, es un referente obligado para quienes buscan vestiduras tradicionales y de calidad. Después de más de cuatro décadas, su taller y tiendas en Talavera se han convertido en un punto neurálgico donde se oferta una amplia variedad de modelos, que van desde ropones clásicos hasta atuendos para las distintas advocaciones religiosas.

La labor de Saúl Uribe trasciende la costura: ha ayudado a preservar una tradición viva, generando empleo y dinamizando económicamente el corredor, e incluso ha visto cómo sus diseños llegan a distintos estados de la República y a comunidades mexicanas en Estados Unidos. Su trabajo no solo viste imágenes, sino que mantiene encendida una memoria comunitaria que cada año congrega a fieles, artesanos y familias que celebran con devoción, colores y tamales este día tan significativo en el calendario mexicano.

El consumo de tamales durante el Día de la Candelaria también tiene profundas raíces prehispánicas. Antes de la llegada de los españoles, los pueblos mexicas celebraban durante el mes de Atlacahualo o Quauitleo, el primero de su calendario ritual, ceremonias dedicadas a Tláloc y Chalchiuhtlicue, deidades del agua y la fertilidad. En estos rituales se ofrecían alimentos elaborados con maíz, considerado sagrado y origen de la vida, entre ellos los tamales, como una forma de agradecer y pedir abundancia para el nuevo ciclo agrícola. Con la evangelización, esta tradición alimentaria se fusionó con la festividad católica de la Presentación del Niño Jesús, dando lugar a una celebración sincrética donde el tamal permanece como un símbolo de continuidad cultural, memoria ancestral y comunión comunitaria.