Llegada triunfal de activistas mexicanos secuestrados por Israel: «Fuimos secuestrados y torturados, pero Palestina vencerá»
Por Alejandro Meléndez
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 08 de octubre de 2025.- El avión de Turkish Airlines que transportaba a los seis activistas y periodistas mexicanos –Sol González Eguía, Ernesto Ledesma Arronte, Arlín Medrano Guzmán, Carlos Pérez Osorio, Diego Vázquez Galindo y Laura Alejandra Veléz Ruiz GaitánFlotilla Global Sumud, aterrizó a las 6:39 de la mañana en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), procedente de Estambul, Turquía. El vuelo TK184, con una duración de 13 horas y 42 minutos, llegó 23 minutos antes de lo programado, según datos del portal de rastreo FlightAware, marcando el fin de una odisea que incluyó denuncias de secuestro, tortura y un reclamo inquebrantable por la solidaridad con Palestina.– detenidos por las fuerzas israelíes tras participar en la
La delegación, compuesta por defensores de derechos humanos y periodistas que intentaban llevar ayuda humanitaria a la Franja de GazaMediterráneo. Banderas palestinas y mexicanas ondeaban en la zona de arribos, mientras los recién llegados, visiblemente exhaustos pero desafiantes, alzaban puños en señal de victoria y protesta., fue recibida por una multitud de simpatizantes, familiares y periodistas en un ambiente cargado de emoción y protesta. Desde el momento en que las puertas del avión se abrieron, estallaron cánticos ensordecedores: «¡Viva Palestina! ¡Viva! ¡Viva!», «¡No están solos!» y «¡Oveda chao, oveda chao!», un eco de la resistencia que los activistas llevaron consigo desde las aguas del
«Estos así nos soltaron, por eso venimos así, en señal de protesta», declaró Ernesto Ledesma Arronte al bajar del avión, refiriéndose a su apariencia desaliñada y marcada por los días de detención. Se identificó como «el recluso número 433 de la Global Sumud Flotilla, pabellón 9, celda 8″, un testimonio crudo de las condiciones en las que fueron retenidos en un penal de máxima seguridad en Israel. La delegación, relató en primera persona los horrores vividos: ataques aéreos con drones y explosivos contra las embarcaciones en aguas internacionales, cañones de agua con sustancias químicas que causaban irritación en la piel, y métodos de tortura física y psicológica.
«En mi caso particular, me sometieron, me tumbaron. Hay una llave que te jalan los hombros hacia atrás, hasta casi dislocártelos», narró Ledesma, quien mencionó el caso de un compañero turco que sufrió una dislocación de hombro y rechazó atención médica israelí. «Hubo tortura por parte del gobierno de Israel. No recuerdo que el gobierno mexicano haya maltratado a ciudadanos israelíes aquí», agregó Sol González Eguía, cuestionando la respuesta de la embajada de Israel en México, que ha negado las acusaciones de secuestro y maltrato. «Nosotros no somos mentirosos. Va a tener que desmentir a 500 integrantes de la flotilla que somos testigos de lo que ha sucedido», afirmó.
El contexto de la detención se remonta a la Flotilla Global Sumud, una coalición internacional que buscaba romper el bloqueo naval impuesto por Israel a Gaza, llevando alimentos, medicinas y suministros para denunciar lo que los activistas califican como un «genocidio perpetrado por el gobierno de Israel contra el pueblo palestino de la Franja de Gaza y Cisjordania«. «El autor intelectual del genocidio es Estados Unidos y Donald Trump, y el autor material es Israel y Benjamín Netanyahu«, afirmó Carlos Pérez Osorio, recordando cómo un ministro israelí de Seguridad los tildó de «asesinos de niños» mientras yacían en el suelo con los ojos vendados. «Nos atacaron vía aérea con decenas de drones. Todo está documentado», insistió Arlín Medrano Guzmán, exigiendo explicaciones al gobierno israelí.
La bienvenida también fue un momento de gratitud hacia México. Los activistas elogiaron el rol de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y el presidente en la mesa de trabajo creada para su liberación. «Agradecer a la SRE por el excelente trabajo, por el presidente. Estamos aquí, estamos sanos. Fuimos secuestrados, fuimos maltratados, pero nunca rompieron nuestro espíritu», expresó Diego Vázquez Galindo, visiblemente conmovido por la recepción. «Estamos muy conmovidos por los compañeros y lo que vivimos es importante, pero lo importante es seguir hablando por la humanidad», añadió Laura Alejandra Veléz Ruiz Gaitán, subrayando la insignificancia de su sufrimiento comparado con el palestino: «A nosotros nos secuestraron, pero lo que pasó ahí no tiene nada que ver con lo que está viviendo la gente de Palestina».
Los mexicanos ampliaron el llamado a la acción global. «Les pido una disculpa al pueblo palestino por no haber llegado a tiempo» con la ayuda humanitaria, dijo Veléz, al tiempo que criticaba el «bloqueo ilegal» y el genocidio en curso. Citó cifras alarmantes: «Cada 9 minutos hay niños asesinados, medio millón de personas desaparecidas, 300 mil desplazadas y 66 mil muertas». Extendió la denuncia a otros escenarios: «No solamente está pasando en Palestina, también en Congo, Yemen, en nuestra América Latina y en nuestro propio país, donde el narcotráfico está inmiscuido con las armas de Estados Unidos«.
La delegación urgió a romper lazos diplomáticos con Israel –»¡A romper relación con Israel!»– y a no minimizar el conflicto. «Dejemos de nombrar a este como un conflicto de Medio Oriente. Es un problema de Europa, de colonialismo, imperialismo, racismo y deshumanización«, clamó González Eguía, refiriéndose a los tratados de Balfour como origen del problema. Prometieron una conferencia de prensa para detallar los abusos y reiteraron su compromiso: «La flotilla no somos nosotros, es quien está en tierra, quien se movilizó. Tiene que continuar, porque la gente somos la que podemos hacer este cambio colectivo».
Mientras la multitud entonaba «¡Palestina vencerá!» y «¡Que se jodan los pendejos!», los seis mexicanos –Sol González Eguía, Ernesto Ledesma Arronte, Arlín Medrano Guzmán, Carlos Pérez Osorio, Diego Vázquez Galindo y Laura Alejandra Veléz Ruiz Gaitán– se dirigieron a sus familias, prometiendo «volver a ir» si es necesario. Su regreso no solo cierra un capítulo de resistencia, sino que reaviva el debate sobre la solidaridad internacional ante lo que llaman «un genocidioGaza. que puede más que las relaciones diplomáticas». Los ojos, como pidieron, deben seguir puestos en
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