Adiós a Julieta Fierro, la divulgadora que desafió las estrellas y el sistema educativo
Por Alejandro Meléndez
Por Alejandro Meléndez
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 20 de septiembre de 2025.- La noticia de la muerte de Julieta Fierro GossmanUniversidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Fierro no solo contribuyó al conocimiento astronómico, sino que se convirtió en una «rockstar» de la divulgación científica, capaz de hacer que el universo pareciera un juego de niños. Su partida repentina, mientras escribía su último libro en casa, nos recuerda que, como ella misma solía decir, «todos somos polvo de estrellas». Pero más allá de la tristeza, su legado invita a una reflexión profunda: en un país donde la educación formal a menudo ahoga la curiosidad, Julieta Fierro fue una rebelde que siempre desafió esa rigidez, abriendo puertas a los jóvenes para que se acerquen al saber sin barreras innecesarias., acaecida el 19 de septiembre de 2025 a los 77 años, ha dejado un vacío cósmico en el mundo de la ciencia mexicana. Como física y astrónoma de la
En mi niñez, tuve la fortuna de conocer a Julieta, gracias al astrónomo Claudio Firmani Clementi, quien fuera director del Departamento de Instrumentos de la UNAM. Fue él quien me introdujo en su órbita, compartiendo anécdotas sobre su pasión por la astronomía y su habilidad para hacer accesible lo complejo. Aquel encuentro inicial me abrió los ojos a una científica que no se conformaba con papers académicos, sino que vivía para contagiar el asombro por el cosmos. Y qué mejor cierre para su trayectoria pública que la conferencia que impartió el 4 de septiembre de 2025 en el Hay Festival de Querétaro, junto a las astrónomas Leticia Carigi y Paula Rosas. Tuve el privilegio de fotografiarla ese día, capturando momentos que ahora se sienten como un testamento vivo de su esencia.
En esa última aparición pública, Julieta no dio una charla convencional; transformó el escenario en un playground cósmico. Jugó con niños que subieron al estrado, regalando juguetes simples pero ingeniosos con los que explicó conceptos profundos del universo: desde el movimiento de los planetas hasta la expansión del Big Bang. Una pelota representaba la Tierra, un globo inflable el espacio-tiempo curvado por la gravedad. Los pequeños reían, pero también aprendían, y los adultos nos quedábamos boquiabiertos ante su maestría para desmitificar la ciencia. Ese día, Fierro encarnó su filosofía: la educación no debe ser un ritual formal que retrasa el acercamiento de los jóvenes al conocimiento, sino una aventura lúdica que despierte la curiosidad desde temprana edad. En México, donde el sistema educativo a menudo prioriza la memorización sobre la experimentación, su enfoque era un desafío directo a esa formalidad obsoleta que ahuyenta a generaciones enteras.
Pero Julieta no era solo una divulgadora; era una narradora sarcástica con un toque matemático. Estudió en un colegio francés donde, irónicamente, siempre sacaba cero en francés pero un rotundo 10 en matemáticas. Esa anécdota, que ella contaba con picardía, reflejaba su rebeldía innata contra las normas impuestas. Cuando relataba sus historias –ya sea sobre supernovas o eclipses–, utilizaba el sarcasmo como una «interacción matemática» para generar risa: un chiste preciso, una ecuación disfrazada de broma, que hacía que el público conectara emocionalmente con la ciencia. «Si el universo es infinito, ¿por qué nos preocupamos por tonterías finitas?», solía decir con una sonrisa irónica, desarmando prejuicios y haciendo que lo abstracto se volviera cercano. En un mundo donde la educación formal a menudo ignora el humor y la creatividad, Fierro demostraba que el sarcasmo podía ser una herramienta poderosa para romper barreras y acelerar el aprendizaje.
Su muerte nos obliga a opinar sobre el futuro de la divulgación científica en México. Julieta Fierro no solo nos dejó libros, conferencias y premios –como el de la UNESCO por su labor educativa–, sino un modelo a seguir: uno que prioriza la inclusión, el juego y el desafío a lo establecido. En tiempos donde la desinformación prolifera y la brecha educativa se agranda, su legado urge a reformar el sistema para que los jóvenes no esperen años para descubrir su pasión por la ciencia. ¿Cuántos talentos se pierden por esa formalidad que ella tanto cuestionaba? Su partida es un llamado a la acción: hagamos que el universo sea accesible para todos, como ella lo hizo, con juguetes, risas y un poco de sarcasmo matemático.
Julieta, gracias por iluminarnos. Que tu polvo de estrellas siga guiando a las nuevas generaciones.