Por Humberto Musacchio
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 16 de mayo de 2025.- Ayer, los maestros agrupados en la CNTE salieron a la calle en defensa de sus derechos: demandan la abrogación de la Ley del ISSSTE aprobada en el sexenio de Felipe Calderón, piden salarios dignos y pensiones de jubilación que se cuantifiquen en pesos, no en Unidades de Medida y Actualización, las maldecidas UMAs, y poner a revisión la aberrante reforma educativa de Enrique Peña Nieto, acatada religiosamente por los gobiernos de Morena y “enriquecida” con los aportes del estulto Marx Arriaga.
Los gobiernos cuatroteros, para captar votos, pactaron con lo más corrupto del sindicalismo y hasta hicieron senador plurinominal al actual charro mayor del SNTE, Alfonso Cepeda, apodado El Gato, remoquete al que hizo honor con la promesa de llevar a Morena cinco millones de adherentes, ni más ni menos.
Con tales especímenes en Morena, no será fácil ni pronto que triunfe la movilización de los maestros democráticos, pero podemos adelantar que, si mantienen sus banderas en alto, más temprano que tarde alcanzarán el triunfo, pues las deplorables condiciones de la educación exigen cambios radicales en beneficio popular y una revaloración del educador, sistemáticamente minimizado desde el gran movimiento que encabezó el gran Othón Salazar a fines de los años cincuenta.
Todo eso lo saben las actuales autoridades, que prometen dar mantenimiento a las ruinosas escuelas, adquirir equipos de cómputo, instrumentos musicales y materiales para la enseñanza artística. Ojalá.
El neoliberalismo hundió la educación pública en favor de las escuelas del sector privado, de modo que las familias clasemedieras dejaron de mandar a sus hijos a las instituciones públicas y los inscribieron en las escuelas de paga, por supuesto, a costa de grandes sacrificios, pero en busca de que niños y jóvenes tuvieran una formación más sólida, que los hiciera aptos para colocarse en el mercado de trabajo.
Lamentablemente, al dejar la educación en manos privadas se ha llegado a excesos punibles, como lo muestran los hechos ocurridos en la llamada Academia Militarizada Ollin Cuauhtémoc, que ni siquiera cumplía con los requisitos de la SEP, pues no inscribía a los alumnos y expedía boletas falsas de calificaciones, lo que denunció la alcaldesa en Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, al conocerse que una veintena de alumnos han sufrido malos tratos y uno de ellos murió, víctima de una paliza de sus “maestros”, pese a lo cual la Secretaría de Educación Pública se mantuvo calladita.
Por otra parte, en diversos puntos del país han surgido protestas atendibles pero rechazadas por Morena, un partido mayoritariamente integrado por expriistas, descendientes de Gustavo Díaz Ordaz, como en Tabasco, donde José Ramiro López Obrador, hermano de Ya Saben Quién, mandó reprimir a los jóvenes del Tecnológico Superior de Balancán.
Pero la inconformidad brota por todas partes: los muchachos de la UNAM piden comedores, los estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México obligaron a cancelar la antidemocrática elección de rectora, las alumnas de la Normal de Temoac, Morelos, exigen respuesta a su pliego petitorio, que incluye la destitución de la actual directora, mientras que en la Universidad Autónoma de Zacatecas, profesores y alumnos denuncian malos manejos y exigen que el gobernador David Monreal Ávila “saque las manos” del proceso de sucesión en la rectoría de esa casa de estudios.
En suma, la efervescencia que se vive en todos los niveles de enseñanza muestra, más allá de sus formas y expresiones, una amplia repulsa hacia el profundo deterioro del ámbito educativo. Lo advierte el subsecretario de la SEP, Ricardo Villanueva Lomelí, quien declaró que de cada cien jóvenes que ingresan a bachillerato, sólo 35 terminan una carrera, o que las viejas disciplinas —derecho, contaduría, medicina— siguen siendo las predominantes, lo que exige reorientar a los muchachos hacia las especialidades con futuro.
Ante un panorama tan poco prometedor, lo que se requiere es una profunda, completa y compleja reforma de la educación mexicana. De otro modo, la mayoría de los egresados seguirá enfrentándose a un mercado que poco o nada les ofrece y muchos de ellos trabajarán en actividades ajenas a su formación por míseros salarios. Tomemos nota.