El Pueblo puede salvar a Puebla

Por Ana Lluvia García

Por Ana Lluvia García

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 04 de octubre de 2026.- Precisamente luchamos para que una vida digna no dependa de una hazaña personal ni de la suerte de tener a un padrino, sino de garantizar derechos sociales y ambientales para todas y todos.

No existe compadrazgo, barda, espectacular, entrevista contratada, fotografía cuidadosamente montada ni dádiva que pueda sustituir la congruencia.

Se pueden gastar millones de pesos para fabricar una imagen cercana al pueblo, pero la política no es mercadotecnia ni la pobreza escenografía.

Hay algo particularmente preocupante en el discurso de “echarle ganas” bajo la idea de que cualquiera puede salir de la pobreza si trabaja suficientemente duro, persevera y persigue sus sueños.

Claro que el esfuerzo importa, pero la pobreza no existe porque las personas no se esfuerzan lo suficiente. Esa explicación borra los determinantes sociales, económicos y ambientales de la desigualdad: los bajos salarios, la precariedad laboral, la falta de vivienda, el acceso a la educación, la salud, el agua y las oportunidades.

Quienes menos tienen no necesitan que su pobreza sea utilizada como escenario para demostrar cercanía, requieren políticas públicas, derechos esenciales, servicios públicos, seguridad, agua, saneamiento, calles dignas y gobiernos que dediquen sus recursos y tiempo a resolver problemas colectivos.

El servicio público no puede convertirse en el trampolín para alcanzar el siguiente cargo. Gobernar, legislar o administrar significa servir. Cuando la función pública comienza a confundirse con una campaña permanente de posicionamiento personal, la ética deja de ser una convicción y termina reducida a discurso.

Nuestro movimiento nació cuestionando esos vicios: el dinero mal habido, los padrinazgos, la simulación y la obsesión por los cargos. AMLO demostró que por encima de los cargos están los principios y los ideales, y que el poder sólo tiene sentido cuando se pone al servicio del Pueblo.

morena es un movimiento amplio y plural, pero esa pluralidad tiene un punto de encuentro: los principios. No basta con repetir palabras ni conceptos del partido, ni asumirse como parte de la transformación. La congruencia se demuestra en la manera de ejercer el poder, en la austeridad, en la ética pública y, sobre todo, en el compromiso cotidiano con quienes históricamente han sido excluidos.

Frente a la política de la apariencia, defendamos una la política moral del lado de las causas e ideales humanistas. Exijamos congruencia y no normalicemos que el servicio público se convierta en escaparate personal.

La transformación también exige señalar aquello que contradice los principios, venga de donde venga y lo haga quien lo haga.

Que nadie confunda pluralidad con sumisión, ni disciplina con veto a la crítica. Un movimiento se fortalece cuando sus principios están por encima de nombres, grupos, padrinos y aspiraciones personales.

Los cargos son pasajeros. Los principios no.

Y que nadie se olvide que, tonto es el que piensa que el pueblo es tonto.