Juan Ramón de la Fuente: Un tecnócrata de derecha camuflado en la diplomacia mexicana

Por Alejandro Meléndez

Por Alejandro Meléndez

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 09 de octubre de 2025.- En el panorama político mexicano, pocas figuras encarnan tan bien la persistencia del neoliberalismo priista como Juan Ramón de la Fuente, actual Secretario de Relaciones Exteriores. Nombrado por la presidenta Claudia Sheinbaum, De la Fuente ha sido presentado como un diplomático experimentado y moderado, pero un su trayectoria revela sus alineamientos conservadores y decisiones que priorizan el statu quo sobre la transformación social. Desde su elección como rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en medio de la emblemática huelga estudiantil de 1999-2000, hasta su actuación en conflictos internacionales como el de Palestina y las negociaciones con Donald Trump, De la Fuente ha demostrado ser un tecnócrata neoliberal de derecha, emanado directamente del gobierno de Ernesto Zedillo y el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su carrera ha estado al servicio de intereses elitistas y subordinados a potencias extranjeras.

Juan Ramón de la Fuente no es un outsider en la política mexicana; al contrario, su ascenso está intrínsecamente ligado al régimen priista de los años 90, una era definida por las reformas neoliberales que profundizaron la desigualdad y la privatización. Bajo la presidencia de Ernesto Zedillo (1994-2000), De la Fuente sirvió como Secretario de Salud, formando parte del círculo cercano del mandatario. Zedillo, recordemos, impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y gestionó la crisis económica de 1994 con medidas austeras que beneficiaron a las élites a costa del pueblo. De la Fuente, como médico y funcionario, encarnó el perfil tecnócrata: un experto sin ideología aparente, pero alineado con políticas que priorizaban la eficiencia económica sobre la justicia social. Su nombramiento como rector de la UNAM en noviembre de 1999, en plena huelga estudiantil, no fue casualidad. La huelga, liderada por el Consejo General de Huelga (CGH), protestaba contra el intento de imponer cuotas y reformas que amenazaban la gratuidad y autonomía de la educación pública. De la Fuente, respaldado por Zedillo y el PRI, asumió el cargo para «resolver» el conflicto, pero su gestión culminó en la intervención policiaca de febrero de 2000, cuando la Policía Federal Preventiva (PFP) irrumpió en el campus, violando flagrantemente la autonomía universitaria, arrestando a cientos de estudiantes y reprimiendo el movimiento. Esta acción no solo marcó el fin de la huelga, sino que reveló el carácter derechista de De la Fuente: un rector que optó por la fuerza estatal en lugar del diálogo genuino, alineándose con los intereses privatizadores que el PRI promovía. Exintegrantes del CGH lo han increpado públicamente, recordándole que su «pasado le persigue» por su rol en la represión. Desde entonces, De la Fuente ha representado la derecha tecnócrata, disfrazada de academicismo, que ve en las protestas sociales un obstáculo para el «progreso» neoliberal.

En el ámbito internacional, la gestión de De la Fuente como embajador de México ante la ONU (2018-2024) y ahora como canciller ha sido criticada por su tibieza frente al conflicto en Palestina, revelando una postura subordinada a Israel y a los intereses occidentales. Durante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2025, mientras 77 representantes abandonaban la sala en protesta por el discurso de Benjamín Netanyahu –quien defendió las acciones de Israel en Gaza–, De la Fuente optó por quedarse, simbolizando un servilismo diplomático que prioriza la «neutralidad» sobre la condena al genocidio. Netanyahu calificó cualquier reconocimiento de un Estado palestino como un «suicidio nacional» para Israel, y la permanencia de México en la sala fue vista como una complicidad implícita. Esta no es una anomalía: en 2022, De la Fuente desmarcó a México de las condenas internacionales a Israel, manteniendo una posición cautelosa que evita sanciones o reconocimientos firmes al Estado palestino. Aunque ha llamado a una «solución de dos estados», sus acciones –o inacciones– contrastan con líderes progresistas como Gustavo Petro de Colombia, quien ha roto relaciones con Israel y expulsado delegados comerciales en respuesta al bloqueo de Gaza. En este contexto, la abogada colombiana Maribel del Valle, activista de la Global Sumud Flotilla –una iniciativa humanitaria secuestrada por Israel–, ha criticado duramente la postura mexicana en el programa de Periodistas Unidos. Del Valle comparó el «silencio es complicidad» del gobierno de México con la valentía de Petro, quien en un mensaje a la flotilla afirmó: «el silencio ante el genocidio es otra forma de complicidad». Esta comparación resalta cómo De la Fuente, con su enfoque tecnócrata, perpetúa una diplomacia sumisa que ignora el sufrimiento palestino en favor de alianzas con potencias como Israel y Estados Unidos.

La subordinación de De la Fuente se extiende a las relaciones con Estados Unidos, particularmente durante las tensiones con Donald Trump. Como embajador en la ONU y ahora canciller, ha participado en negociaciones donde México ha cedido terreno en temas migratorios y comerciales para evitar confrontaciones. En 2019, bajo la amenaza de aranceles de Trump, México aceptó desplegar la Guardia Nacional en la frontera sur, convirtiéndose en un «muro» migratorio para complacer a Washington. Aunque De la Fuente no era canciller entonces, su rol actual en la revisión del T-MEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá) mantiene un tono conciliador, asegurando que hay «tranquilidad» y «diálogo político» sin tensiones, incluso ante amenazas de Trump de cancelar el acuerdo. Esta postura de «no salirse con la suya» suena hueca cuando México ha evitado confrontar las políticas antiinmigrantes de Trump, priorizando el libre comercio neoliberal sobre la defensa de los derechos humanos. Críticos ven en esto el legado priista de De la Fuente: un tecnócrata que negocia desde la debilidad, subordinando la soberanía mexicana a los intereses estadounidenses.

Juan Ramón de la Fuente representa lo peor del pasado priista: un derechista disfrazado de tecnócrata, cuya carrera desde la rectoría de la UNAM hasta la SRE ha estado marcada por represión interna y sumisión externa. Su pésima actuación en Palestina y con Trump no es accidental, sino el resultado de una ideología neoliberal que prioriza alianzas elitistas sobre la justicia global. México merece una diplomacia que rompa con este legado, inspirada en líderes como Petro, donde el silencio no sea complicidad. Solo así avanzaremos hacia la verdadera Cuarta Transformación.