La farsa de la «Generación Z»: Cómo el telefascismo, la ultraderecha y Ricardo Salinas Pliego secuestran la voz juvenil en México

Por Alejandro Meléndez

Por Alejandro Meléndez

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 07 de diciembre de 2025.- En un México ahogado por la inseguridad y la corrupción, la juventud debería ser el motor de un cambio genuino, no el peón de agendas ocultas. Sin embargo, lo que se presenta como el rugido de la «Generación Z» —esa supuesta ola apartidista de jóvenes indignados— huele cada vez más a montaje orquestado por los viejos fantasmas del telefascismo y la ultraderecha. Encabezado por Ricardo Salinas Pliego, el empresario misógino y clasista dueño de TV Azteca, quien busca generar tendencias a través de la agresión y el caos, este movimiento no es más que una infiltración para desalentar a la juventud, radicalizarla hacia la extrema derecha y erosionar la soberanía nacional con demandas que suenan progresistas, pero que en realidad sirven a los intereses de una élite golpista. La marcha convocada para este 14 de diciembre en la Ciudad de México no es más que el cuarto acto de una obra de teatro mal ensayada, donde TV Azteca y grupos como Somos Mx (el remanente mutado de la ex Marea Rosa) infiltran el descontento real de los jóvenes para desviarlo hacia un golpismo envuelto en banderas blancas y consignas vacías ¿El objetivo? Crear caos mediante la violencia simulada, desmoralizar a la juventud y posicionar figuras como Anna Lu Ortega como la nueva Lilly Téllez del movimiento juvenil: una co-conductora convertida en ícono conservador, amplificada por la maquinaria mediática para atraer a los descontentos.

Todo comenzó con la marcha del 15 de noviembre en el Zócalo capitalino, una convocatoria que, lejos de brotar espontáneamente de redes sociales juveniles, fue impulsada con saña por TV Azteca y sus aliados, bajo la batuta de Salinas Pliego, quien ha usado sus canales para promover la movilización mientras evade impuestos millonarios. La televisora, fiel a su tradición de manipular narrativas para golpear al gobierno federal, cubrió el evento como si fuera el renacer de una revolución, con transmisiones en vivo que amplificaron cada grito. Figuras como Manuel López San Martín, el eterno crítico conservador, se sumaron al circo acompañado de guardaespaldas, junto a los activistas reciclados de Somos Mx: Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza y Fernando Belaunzaran. Estos no son jóvenes de TikTok; son los mismos que en su día defendieron causas selectivas, siempre alineadas con la derecha panista o priista y grupos reaccionarios del PRD. La movilización atrajo a miles —17 mil según el gobierno de la CDMX—, pero el clímax de violencia no fue obra de encapuchados anónimos, sino de un operativo simulado: el supuesto «bloque negro» que derribó vallas frente al Palacio Nacional y provocó 120 heridos y 40 detenidos. En realidad, fue el «bloque blando» —o «bloque Blanco»—, financiado por intereses ocultos, con adultos mayores proveyendo agua, comida y provocaciones.  Presencia de elementos ligados al crimen organizado, como la Chokiza y el Cártel Unión Tepito, coordinados por la delegada de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, quien ha sido acusada de tolerar estas dinámicas para deslegitimar protestas. Un minúsculo grupo genuino, encabezado por la abuela de Carlos Manzo —el alcalde asesinado de Uruapan—, se retiró al oler la trampa, dejando claro que la indignación por su muerte era solo el gancho para un show mayor.

La segunda intentona, el 20 de noviembre, fue un fiasco aún mayor. Convocaron a la UNAM para luego marchar al Ángel de la Independencia y rematar en el Zócalo. ¿El resultado? En Ciudad Universitaria, solo llegaron jubilados de grupos evangélicos ultraderechistas, portadores de la ideología libertaria de Javier Milei: menos Estado, más mercado salvaje, y un rechazo visceral a cualquier política social. Al Ángel, apenas 100 almas dispersas, insuficientes para generar eco. Esta «marcha revolucionaria» se diluyó en irrelevancia, exponiendo la desconexión: ¿dónde estaba la Generación Z real, la que vive en precariedad laboral y sueña con un futuro sin balas? Como es el movimiento contra la gentrificación o el Frente Nacional por las 40 horas.

No conformes, el tercer capítulo se montó en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, un guiño cínico al 68 estudiantil, invocando las detenciones del 15N como pretexto para victimizarse. La convocatoria fue patética: 50 personas, encabezadas por Anna Lu Ortega, co-conductora de Hechos AM: Primera Línea en TV Azteca noticiero matutino.  El evento se trasladó mágicamente al Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM, gracias a Jacobo Dayán, director que suele exigir revisión por consejo universitario, pero que abrió las puertas sin chistar a este aquelarre. Allí, Somos Mx volvió a la carga con Julio Mena y Jacobo Ortiz, flanqueados por Miguel Meza de Defensores AC —otro magnificado por Azteca en la reforma judicial—. No todo fue ultraderecha pura: casos como el de Daniela Toussaint, detenida injustamente el 15N y el de una madre luchando por la excarcelación de su hijo, inyectaron un toque de legitimidad. Tras seis horas de diálogo forzado, surgió el «Pliego Petitorio de la Generación Z», un documento de 12 puntos que, en teoría, no es malo:

PuntoDemanda
1Mecanismo ciudadano de revocación
2Elección directa del sustituto por la ciudadanía
3Prohibición de injerencia partidista en el proceso de sustitución
4Blindaje contra la compra y coacción del voto
5Creación de un Organismo Ciudadano de Transparencia Total
6Creación de un Organismo Independiente de Auditoría
7Reforma profunda del sistema de justicia
8Mejora de la representación popular en el Congreso de la Unión
9Desmilitarización de la seguridad interna
10Fortalecimiento de la seguridad local
11Participación de voces con autoridad moral
12Consulta pública para ampliar este pliego hasta quince puntos

Suena a agenda progresista: revocación de mandato, transparencia, fin a la militarización. Pero ¿quién lo respalda? No los jóvenes de barrios marginados ni los estudiantes hartos de becas insuficientes, sino este enjambre de ex panistas y aztecas que usan el pliego como cortina de humo para su golpismo constitucional. La presidenta Claudia Sheinbaum lo ha dicho claro: esta «generación» es un constructo de bots y campañas pagadas —hasta 90 millones de pesos invertidos—, ligadas a la derecha extranjera.

Ahora, el 14 de diciembre prometen repetir la farsa, envuelta en el asesinato de Carlos Manzo —un alcalde que, irónicamente, abogaba por ajusticiamientos extrajudiciales, pisoteando derechos humanos, y que ignoró el homicidio del periodista Mauricio Solís en Uruapan, descalificando a su familia y a los reporteros que protestaron. El canal de Telegram oficial apenas suma 792 suscriptores; en X, @generacionz_mx presume 112.5 mil seguidores, hinchados por bots y trabajadores de redes del PAN. ¿Dónde está el pulso juvenil auténtico? Ausente, porque esta «movilización» no busca justicia, sino desmoralizar: infiltrar el desaliento para que los jóvenes, en vez de exigir empleos dignos y educación gratuita, terminen coreando himnos mileístas o rezando por intervenciones yankis. El movimiento, impulsado por Salinas Pliego, quiere crear caos mediante la violencia orquestada, generando tendencias que distraigan de sus verdaderos fines: desestabilizar al gobierno y proteger intereses empresariales.

Es hora de cuestionar: ¿por qué una televisora que en sus programas degrada a la juventud —llamándolos vagos, adictos a las redes, incapaces de esfuerzo— ahora los usa como marionetas? TV Azteca, con su historial de fake news y alianzas con el narco en los 90, no es aliada de los jóvenes; es su verdugo disfrazado. La verdadera Generación Z no necesita pliegos reciclados ni marchas orquestadas. Necesita espacios reales, no este telefascismo que la traiciona. El 14 de diciembre, que no caigamos en la trampa: observemos, denunciemos y construyamos desde abajo. México merece una juventud libre, no secuestrada por los de siempre.