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La salud mental occidental se está quedando corta: Reflexiones sobre la tragedia en el CCH

Foto: Víctor Camacho / La Jornada

Por Montserrat C. Jiménez Hernández

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 29 de septiembre de 2025.– Hoy se cumple una semana de los hechos ocurridos el lunes 22 de septiembre de 2025 en el plantel Sur del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), donde Lex Ashton “N”, un joven de 19 años, atacó con un arma punzocortante a Jesús Israel “N”, un estudiante de 16 años, causándole la muerte. Durante el intento de auxiliar a la víctima, Armando “N”, un trabajador del plantel, resultó herido. Tras la agresión, el atacante se arrojó desde el primer piso de un edificio, sufriendo fracturas en ambas piernas. Actualmente, permanece hospitalizado bajo custodia.

Las investigaciones recientes han revelado que el agresor formaba parte de comunidades virtuales relacionadas con la llamada Red Pill y el movimiento incel. En redes sociales, Lex compartía publicaciones cargadas de odio hacia mujeres y hombres con éxito romántico, reflejando sentimientos de aislamiento, frustración y resentimiento. Sus publicaciones mencionaban términos como foids (mujeres atractivas) y chads (hombres exitosos con ellas), revelando un enojo profundo y una identidad construida desde la marginación emocional.

Este trágico evento nos lleva a reflexionar sobre las causas profundas detrás de la conducta de Lex. Me deja con múltiples preguntas: ¿Cuándo sabemos que necesitamos ayuda? ¿Estaba Lex enfermo o fue enfermado por una sociedad que normaliza el dolor emocional y la violencia? ¿Es nuestra sociedad, profundamente desigual, la que está enferma, y lo que hizo Lex es solo un síntoma más?

La salud mental no puede seguir abordándose desde una visión individualista. Según datos de ONU Mujeres (2025), dos tercios de los hombres jóvenes que navegan en internet siguen a creadores de contenido masculinos, muchos de los cuales promueven mensajes misóginos que refuerzan estereotipos dañinos. Lex no fue un caso aislado, sino que logró identificarse con miles de jóvenes que sienten lo mismo: frustración, exclusión, enojo. Esa identificación no es casual. Es el resultado de años de una cultura patriarcal y capitalista que ha puesto a hombres y mujeres en extremos opuestos, incapaces de reconocerse mutuamente fuera de los roles de consumo, éxito o utilidad.

En este modelo, los hombres sienten que no valen si no pueden proveer, salvar o tener éxito con las mujeres; no obstante, en la actualidad, las mujeres buscan cada vez más una conexión emocional e intelectual, al tiempo que son señaladas por abandonar los roles tradicionales. Esto ha generado una gran brecha emocional y una ideología de odio alimentada por la frustración y la soledad en la comunidad masculina.

Y en medio de esto, nos encontramos con que Lex estaba en psicoterapia, acompañado por la Facultad de Psicología de la UNAM. Este dato confronta una creencia muy extendida: ver la terapia como un “remedio” que debe “funcionar”. Frases como “la terapia no sirve” o “ese terapeuta no funciona” reflejan una visión utilitaria, propia del sistema capitalista, donde todo debe dar resultados medibles. Incluso quienes nos formamos como profesionales de la salud mental somos, a menudo, adoctrinados desde esa misma lógica: eliminar síntomas, hacer al paciente funcional, ignorando el contexto social y político que muchas veces genera ese sufrimiento.

Creo que el síntoma no siempre es algo que deba eliminarse. A veces, es una forma de gritar lo que el entorno no permite nombrar.

Como parte del gremio de la salud mental, pero también como integrante de esta sociedad, siento que tenemos una deuda inmensa: con Jesús Israel, con Lex Ashton, con Armando “N”, con Debanhi, con Lesvy, con las madres buscadoras y con tantas personas que han sido víctimas del dolor y de un sistema que no les dio contención ni escucha. Es una deuda que no se puede saldar, pero sí asumir como una responsabilidad de cambiar el modo en que nos relacionamos, pensar en colectivo y romper con la fragmentación que nos impone el mercado y la vida moderna. La visión occidental predominante en la ciencia, y en muchos otros ámbitos, nos quiere separados.

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