La vitalidad de Francisco y la muerte del desencanto
Por Francisco Javier Guerrero
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 05 de mayo de 2025.– Tras el fallecimiento del papa Francisco, diversas voces del ámbito académico, religioso y político han compartido sus valoraciones sobre el pontífice latinoamericano. Entre ellas destaca la del investigador Roberto Blancarte, reconocido experto en el estudio de las religiones, quien ha calificado su pontificado como una “revolución fallida”.
Blancarte sostiene que durante el periodo de Francisco no hubo transformaciones de fondo en el poder vaticanista, pues la constitución apostólica, las leyes y reglamentos internos del Vaticano permanecieron prácticamente inalterados. Afirmó que, a pesar de su carisma, el papa fracasó en varios sínodos donde intentó imprimir su visión sobre temas clave. Para Blancarte, el intento de reforma se topó con una estructura institucional sólida y resistente al cambio.
No obstante, otros analistas consideran insuficiente esa visión. Se señala que el aparato eclesiástico que Francisco intentó transformar progresivamente ha resistido a múltiples cisma, controversias y contradicciones a lo largo de los siglos. Ejemplos históricos incluyen las acciones de Alejandro VI, el obrerismo promovido por León XIII, la cuestionada relación de Pío XII con el nazismo, y la apertura modernizadora impulsada por Juan XXIII con el Concilio Vaticano II.
Desde una mirada más amplia, el antropólogo Elio Masferrer ha argumentado que existen varios catolicismos en el mundo, a veces incompatibles entre sí, y que la Iglesia intenta contener o suavizar esas tensiones. La historia demuestra que, a pesar de su estructura aparentemente monolítica, la Iglesia ha sido profundamente permeable a las condiciones sociales y políticas de cada época.
En cuanto al papel de la religión en la transformación social, se ha recordado la famosa frase de Karl Marx sobre que “la religión es el opio del pueblo”, aunque matizada por varios pensadores contemporáneos. Algunos señalan que en ciertas coyunturas, la religión ha servido como instrumento de enajenación, pero en otros momentos ha sido un estandarte revolucionario, como en el caso de los zapatistas en México o de los movimientos vinculados a la teología de la liberación.
El pensamiento de Francisco, aunque limitado a la acción pastoral, ha tenido un profundo impacto en la conciencia colectiva. Denunció la violencia del capitalismo salvaje, defendió a los grupos vulnerables, promovió el cuidado del medio ambiente y llamó a la solidaridad universal. Para algunos sectores, su voz se convirtió en la de millones que luchan por su emancipación, y su legado podría traducirse en una guía para nuevas formas de organización social.
Frente a la creciente polarización global, el mensaje de Francisco puede representar una respuesta ética a la deshumanización del sistema económico. Si bien, como dice Blancarte, su gestión no logró transformar el núcleo institucional del Vaticano, su discurso encendió una revolución de las conciencias que podría trascender los límites de la Iglesia y tener eco en la práctica emancipadora de los pueblos.