Las políticas neoliberales han comprometido la soberanía alimentaria
Por Arturo Huerta González
Por Arturo Huerta González
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 28 de septiembre de 2025.- La apertura comercial indiscriminada, la eliminación de aranceles, la apreciación del tipo de cambio (dólar barato), las altas tasas de interés, la austeridad fiscal, han actuado en detrimento de la producción nacional y las importaciones baratas han desplazado la producción nacional, comprometiendo ello la seguridad alimentaria de los granos básicos, además de aumentar el déficit de comercio exterior y llevar a la economía a depender de la entrada de capitales. Ello ha ocasionado que la política monetaria y fiscal se encaminen a promover la entrada de capitales a través de alta tasa de interés y recortes presupuestales para que el capital invierta donde el gobierno deja de hacerlo, a costa de no tener política económica para impulsar la producción nacional y el empleo, cayendo la economía en un círculo vicioso, de depender más y más de importaciones para satisfacer la demanda nacional. Según el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas a mediados de 2025, la autosuficiencia de granos está al nivel de 43.9%, es decir, importamos el 56.1% de lo que el país consume. Datos del INEGI señalan que las importaciones de productos agrícolas en relación con el PIB agrícola, pasó de ser el 10% en 1993 (antes del TLCAN) a ser 48% en el 2024.
Los gobiernos del país, para bajar la inflación, determinan el precio de los granos básicos en función del que es fijado por la Bolsa Mercantil de Chicago, el cual considera las condiciones productivas de EUA, que son muy diferentes a las nacionales, y si a eso se suma que se ha trabajado con un dólar barato y que los productores nacionales no reciben los subsidios que tienen los productores de EUA, las importaciones son más baratas que la producción nacional, por lo que ésta termina siendo desplazada. El costo de bajar la inflación con importaciones baratas ha resultado en caída de la producción nacional, que nos lleva a pérdida de ingresos de los productores y sobre endeudamiento de los productores y trabajadores, a déficit de comercio exterior y a seguir actuando a favor de la entrada de capitales y a no tener política a favor de los productores nacionales y del empleo, y a comprometer la seguridad alimentaria y soberanía alimentaria.
La política de austeridad fiscal ha restringido desde hace décadas el presupuesto al sector agrícola, colocándolo indefenso frente a las importaciones, por lo que éstas han incrementado su participación en el abasto nacional. Las importaciones de productos agropecuarios de 1993 al 2024 crecieron en 6.7% promedio anual, mientras el PIB nacional lo hizo en 2.0% promedio anual. En el mismo período las importaciones de frijol crecieron en 15.8% promedio anual. Las importaciones de maíz lo hicieron en 15.0% promedio anual.
Después de haber sido prácticamente autosuficientes en maíz antes del Tratado de Libre Comercio, México ha pasado a ser el país que más importa maíz en el mundo, como consecuencia de no existir política a favor de los productores nacionales y dejarlos desprotegidos frente a importaciones cuando los nacionales no tenían los niveles de productividad, ni los apoyos crediticios y de subsidios para hacerles frente.
Menos alcanzaremos la autosuficiencia alimentaria con la revisión del T-MEC donde el gobierno de EUA está encaminado a reducir el déficit de comercio exterior que tiene con México y está por que nuestro país le compre más y le venda menos, y el gobierno mexicano en aras de mantener el T-MEC todo apunta que cederá en ello.
El gobierno ha señalado que el llamado “Plan México va por la sustitución de importaciones de granos básicos”. El problema es que dicho plan no cuenta con política monetaria, crediticia, cambiaria, comercial y fiscal que actúe a favor del sector productivo. Éste requiere de bajas tasas de interés, tipo de cambio competitivo, aranceles a las importaciones, subsidios e incremento del gasto público que aumente la demanda para así incrementar la inversión, y dicha política económica no existe en el país.
El gobierno ha fijado metas de incremento de la producción de granos básicos y bajar el precio de la tortilla en 10% para el 2030. No puede fijar metas para el mediano plazo, cuando urge encarar los problemas que el campo mexicano viene enfrentando desde hace décadas. No es a través de los programas de fertilizantes y de precios de garantía a un grupo limitado de productores de autosuficiencia como se logrará la soberanía alimentaria. Se tiene que apoyar a todos los productores, lo que pasa por sacar los granos básicos del T-MEC y que los precios no se fijen en torno a la Bolsa Mercantil de Chicago. Se requieren créditos baratos, subsidios a los productores, así como ampliar la construcción de presas para aumentar las tierras de riego. Para ello se tiene que cambiar la política monetaria, crediticia, comercial y fiscal, las cuales deben dejar de actuar a favor del sector financiero y deben trabajar a favor del sector productivo nacional y del empleo.
De no revisarse la política agrícola, continuará la caída de la producción nacional, el bajo crecimiento de la economía, el desempleo, con las consecuencias de mayor delincuencia, comprometiendo más la soberanía alimentaria, que, al no contar con divisas para financiar las importaciones, o al encarecer el dólar, habrá escasez de alimentos en el país, lo que aceleraría la inflación y la pobreza y acentuará la inestabilidad social.
A propósito de este análisis, el jueves 25 de septiembre de 10 am a las 14 horas, se realizará, en el Auditorio Narciso Bassols de la Facultad de Economía de la UNAM, un encuentro con productores de granos básicos de 9 estados de la República, donde manifestarán sus demandas para recuperar la agricultura nacional, al cual están invitados todos los interesados.