Por Francisco Javier Guerrero
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 13 de diciembre de 2025.- Allá por los años 60 del siglo pasado conocí a Alberto Híjar Serrano y sabía que era un prestigiado crítico de arte y destacado intelectual. Sin embargo, su presencia me resultaba particularmente incómoda porque al igual que yo pretendía llevarle serenatas y contarle las pestañas a una bella hija de un poeta que terminó casándose con otro famoso poeta. A fin de cuentas, ella nos mandó no por un tubo sino por un largo gasoducto. Pero ya en la década siguiente Alberto dejó de incomodarme porque mostraba una capacidad de ser un auténtico mentor de experiencias vitales y solidaridades internacionales. Aquel gran escritor que se llamó José Revueltas debido a su enorme generosidad, realmente padecía de un sufrimiento entrañable cuando, por ejemplo, se enteraba que algunos niños y niñas eran asesinados en algún rincón de África. Si José hubiera vivido en estos horribles tiempos su dolor por el genocidio palestino casi no hubiera alcanzado límites.
Pero en Híjar no domina el sufrimiento sino la ira; ciertamente, al igual que Revueltas ha sido solidario con todos los pueblos oprimidos del mundo, pero no lo ha envuelto la depresión. En este trágico planeta donde las tinieblas de la indiferencia parecen oscurecer millones de escenarios, la capacidad de Alberto para generar apoyos y simpatías a todos los seres explotados y escarnecidos es verdaderamente excepcional.
Alberto desde que estudiaba ciencias químicas y posteriormente ya como filósofo se sentía convocado a no perderse en los pantanos del individualismo posesivo y el egoísmo patológico. Ha sido permanentemente militante infatigable de izquierda, admirador y apoyador de los procesos revolucionarios de Cuba, Nicaragua y El Salvador, aunque lamenta que en estos dos últimos casos las presencias de los Ortegas y Bukel es hayan degradado las luchas de los pueblos en esos países.
Alberto ha tenido muchos cargos como funcionario en la Universidad Nacional Autónoma de México, en Bellas Artes y en varias dependencias culturales, aunque siempre se ha topado con los pesados muros que le han impuesto burocracias conservadoras. Adicionalmente, por su inteligencia y sus posiciones heterodoxas se ha confrontado con frecuencia incluso con otros militantes de izquierda y ha tenido importantes desacuerdos con ellos y en no pocos casos las reflexiones de esos desacuerdos han sido una magnífica oportunidad para corregir múltiples errores y defectos existenciales, como ha sucedido en mi propio caso.
Huberto Musacchio en su Diccionario Enciclopédico Milenios de México escribe una nota escueta sobre Híjar y no lo muestra como un autor de numerosos libros, sino como colaborador de algunas revistas importantes. En efecto, creo que Híjar no ha sido muy prolijo en llevar al papel muchos de sus múltiples pensamientos e ideas, pero si bien sus publicaciones no son muy extensas si son notoriamente profundas y deben ser conocidas por todas aquellas personas interesadas en la vida intelectual de nuestro país.
Sobran motivos para celebrar los 90 años de Alberto Híjar sabiendo muy bien que para él cada minuto en su vida ha sido un acicate para su pasión revolucionaria.

