Por Humberto Musacchio
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 06 de julio de 2026.- Alguien dijo que para el periodista el “yo” no existe, pero a veces es inevitable. Eso ocurre cuando se recuerda al compañero que falleció, como es mi caso con Óscar Levín Coppel, a quien conocí en la Escuela Nacional de Economía durante las interminables reuniones de la comisión mixta de profesores y estudiantes, sumidos en los debates para modificar planes y programas de estudio. En aquella comisión participaban la directora del plantel, Ifigenia Martínez, maestros como David Ibarra, Gustavo Romero Kolbeck y el entonces muy joven Rolando Cordera. Las discusiones eran intensas y mentores y pupilos cruzábamos ideas y cuestionamientos. Ahí, Óscar era uno de los infaltables participantes. Luego vino el movimiento de 1968 para exigir democracia, cuando el país se hallaba bajo la tiranía de Gustavo Díaz Ordaz, un espécimen que confirmaba las teorías de Cesare Lombroso. Ahí, Levín, delegado al Consejo Nacional de Huelga, desplegó sus capacidades y salió adelante en medio de las inevitables controversias. Lo dimos todo por nuestras banderas, pero la matanza de Tlatelolco aplastó la justa rebeldía juvenil y los participantes más visibles debieron esconderse, salir de la ciudad o incluso del país. La persecución era feroz, nuestras casas eran allanadas y no pocos compañeros acababan asesinados por agentes de la autoridad. Las cárceles llenas de presos políticos eran resultado de aquel clima de intolerancia ante cualquier oposición al gobierno genocida. Reducidas nuestras fuerzas y nuestra presencia al mínimo, seguimos sin embargo en la pelea. Pero a fines del año siguiente llegó el “destape” del candidato priista a la Presidencia de la República, otro genocida por cierto, y algunos héroes del 68 –pocos por fortuna– decidieron incorporarse a la campaña de Luis Echeverría, Óscar entre ellos. Así, una historia ejemplar terminó para empezar otra entre los matones del 10 de junio de 1971 y la feroz batida antiguerrillera que costó 500 vidas de los insurrectos. Humanos somos.
CIEN AÑOS DE GUILLERMO ARRIAGA
Hace un siglo nació uno de los grandes personajes de la danza mexicana: Guillermo Arriaga, autor de Zapata, una coreografía que ha dado la vuelta al mundo y ha tocado la sensibilidad de públicos disímbolos, ricos y pobres, cultos o ignorantes, y a todos los ha unificado en el reclamo de justicia. Arriaga, siempre joven, era un hombre sencillo, atento, gentil con los amigos y aun con los recién llegados a su círculo. El Zapata nació en 1953 y se estrenó en Bucarest, en el Festival Mundial de la Juventud, con escenografía de Luis Covarrubias y vestuario de su hermano, Miguel El Chamaco Covarrubias. La presentación corrió a cargo del Ballet Contemporáneo, pequeña compañía que integraban Rocío Sagaón, Olga Cardona, Antonio de la Torre y el propio Arriaga, creador de la coreografía. Fue un éxito que corrió de boca en boca, pues al atracar en La Habana el barco que traía de regreso a la delegación mexicana, la policía del dictador Fulgencio Batista confiscó programas, críticas y otros documentos relativos al Zapata, una obra que sigue presente en los escenarios.
BREVIARIO…
Dentro del clima futbolero se abrió en el Museo Kaluz la exposición ¡México, México! con 82 piezas del genial Abel Quezada, quien se refería a la patabola (Nikito Nipongo dixit) como la “pasión masoquista”. @@@ Cuando para muchos el Festival Cervantino era un cadáver oleado y santificado, el pasado martes se anunció que todavía existe. Ojalá lo puedan revivir. @@@ El próximo viernes, a las 19 horas, en la Fundación Sebastián (Patriotismo 304), la Poesía del Jazz presenta a Gabo González y su Groove Capital en un programa que incluye a Alain Derbez, quien ofrecerá su poesía a la concurrencia. Los aficionados a la música sincopada podrán pasar un rato dándole gusto al oído.