Por Carolina Verduzco
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 20 de noviembre de 2025.- La marcha convocada por la supuesta generación z, salió en términos monetarios muy cara, porque si la cantidad de millones de pesos invertidos por quienes la financiaron se divide entre el número de manifestantes, resulta que cada “manifestante” les costó una verdadera fortuna.
Lo que sus promotores buscaban con la marcha –y seguirán buscando– es convertir el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, en “el punto de inflexión” de la estrategia de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Para estos promotores casi no hay acción alguna del gobierno actual que no descalifiquen: si son abrazos está mal; si son balazos también está mal; si es el Plan Michoacán está super mal, etc. ¿Qué es lo que sí aceptarían? ¿Qué es lo que anhelan que ocurra con el pretendido cambio de la estrategia? Sin duda lo único que ellos aprobarían es que el gobierno mexicano acepte total y abiertamente lo que Trump y otros gobernantes de EE. UU. han estado “ofreciendo” (presionando) al gobierno de México, que no es otra cosa que intervenir, haciéndose cargo directamente de la seguridad nacional mexicana.
Las visitas de connotados dirigentes del PRI y del PAN a EE. UU. para pedirle al gobierno de ese país que venga a salvarnos, no son más que la parte que les toca protagonizar a los actores mexicanos, dentro de la estrategia ideada por el imperio.
Pero los dirigentes partidarios no son los únicos títeres mexicanos, sino que también están trabajando con los mismos propósitos imperialistas la mayor parte de los medios de comunicación y sus más destacados periodistas. Antes de que la movilización convocada formalmente por la autodenominada Generación Z lanzara sus acusaciones contra el gobierno (“Carlos no murió, el gobierno lo mató”; “MORENA lo mató”, “Fue el Narco-Estado”, “Gobierno asesino” etc.), muchos periodistas habían expresado lo mismo.
Federico Arreola llamó la atención sobre una nota en El Financiero, en la cual “Raymundo Riva Palacio expresó que con la muerte de Manzo “los criminales y el gobierno, por consecuencia, eliminaron una piedra incómoda en su camino”. https://www.sdpnoticias.com/opinion/oposicion-maravillosa-la-muerte-de-carlos-manzo-salinas-p-ya-tomara-chocolate/
Carlos Manzo: mártir político fabricado
En el mismo artículo, Arreola recupera algunas frases reveladoras de actores políticos de la derecha respecto al asesinato de Manzo, como las de Ricardo Salinas Pliego, quien dijo en sus redes sociales que al asesinado se lo “quitaron de encima”, que “mandaron silenciar a uno más”.
Y como las externadas por Diego Fernández de Cevallos: quien dijo que había sido una “muerte maravillosa” de “consecuencias valiosas”, como las protestas en Uruapan contra el gobierno federal de izquierda, que ojalá “sean preludio de lo que pronto veamos en las calles y plazas del país”.
Como bien dice Arreola sobre esas declaraciones, “son un llamado a la totalmente inaceptable violencia política callejera, que dado el contexto deberá ser investigado con toda seriedad por las autoridades mexicanas”
Sin duda tiene razón, y los actores activos del contexto también deberían ser investigados, especialmente los periodistas y los medios que él mismo exhibe como cómplices que participaron en el “evidente ejercicio de nado sincronizado con la oposición política”, en la preparación del ambiente (es decir, de la manipulación de la opinión pública) para que el asesinato produjera el cambio de timonel en la estrategia de seguridad.
La pregunta de Federico Arreola es elocuente: “¿Se trataba de construir artificialmente la popularidad de alguien condenado a morir?” Y concluye: “en efecto, de eso se trataba: de fabricar un mártir político”.
Él observó que meses antes de que el alcalde fuera sacrificado, se le había dado más relevancia (promoción) mediática que la que reciben la mayoría de los gobernadores(as) de México a pesar de que Uruapan es un pequeño municipio. Entre los que lo habían entrevistado o lo iban a entrevistar están los “formadores de opinión” más influyentes: Ricardo Raphael, Pascal Beltrán del Río, Jorge Fernández Menéndez, Carmen Aristegui, Carlos Marín, Joaquín López Dóriga, Carlos Alazraki, etcétera.
Yo acuso con verdad a los falsos acusadores
El valiente artículo de Federico Arreola recuerda al “Yo acuso” de Emilio Zolá, porque, guardadas las proporciones, así como éste pidió al presidente de Francia que se hiciera justicia a Dreyfus y acusó en primer lugar al coronel Du Paty du Clam, como el artífice de incriminar del caso a un inocente, y acusó además a todos los que intervinieron en esa misma línea, incluyendo a quienes promovieron una “abominable campaña a fin de desorientar a la opinión pública”, Arreola dice que las autoridades mexicanas deberán investigar los llamados a la violencia política callejera, dado el contexto que él mismo contribuye a denunciar sobre el papel cómplice de los periodistas que señala.
En la época de Zolá, seguramente no había alguna figura jurídica como las “Pruebas del Dolo” que hoy sí se tiene establecida en el Derecho Internacional y en las Leyes particulares de algunos países. Estas pruebas son hechos concatenados que demuestran la PREPARACIÓN del crimen, el MATERIALIZARLO y posteriormente beneficiarse de él con un PROPÓSITO POLÍTICO.
La resolución judicial del caso 2 de octubre de 1968 dejó establecido que fue un genocidio porque en la demanda se aportaron las pruebas del dolo, es decir, los elementos que demostraron que sí hubo la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional (el CNH). Esa INTENCIÓN pudo probarse por la cantidad de hechos que dejaron fuera de toda duda que fue un crimen PLANEADO, pues lo sucedido no se debió a que los autores materiales se hubieran salido de control.
En el Derecho Internacional, las pruebas de dolo son esenciales para establecer la responsabilidad penal individual en casos de crímenes internacionales, como genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Las pruebas de dolo fueron analizadas en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) y en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, entre otros casos.
Si ellos se atrevieron, nosotro(as) también nos atreveremos
Es de suponerse que cualquier mexicano tiene interés legítimo de obtener justicia (como tercero perjudicado), por un asesinato cuyo propósito fue contrario a la soberanía nacional y por lo tanto puede interponer una demanda en alguna instancia internacional de la ONU.
Lo que sí es seguro es que hay quienes estamos dispuestos a retomar los datos y los argumentos aportados por Federico Arreola, para alzar la voz y decir “Nosotros acusamos del crimen del presidente municipal de Uruapan a …”.
Buscando la verdad y la justicia en favor de Dreyfus, Zolá acusó al autor intelectual y a sus cómplices subordinados del caso. Entonces dijo: “si ellos se atrevieron, yo también me atreveré. Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice”. En el caso mexicano, en busca de la verdad y la justicia para Manzo y en defensa de la soberanía nacional podríamos decir, parafraseando al revolucionario francés:
Por el asesinato de Carlos Manzo, si ellos se atrevieron, y si Raymundo Riva Palacio se atrevió a acusar al gobierno de haberlo “eliminado”, nosotro(as) nos atrevemos a acusar a los gobernantes de EE. UU. que se empeñan en intervenir militarmente en México, como lo están intentando también en otros países de América Latina.
Acusamos a los líderes políticos de la derecha mexicana y ultraderecha que instrumentan acciones para propiciar tal intervención estadounidense, incluyendo las solicitudes al gobierno de EE. UU. y la fabricación de un mártir político que olvidarán cuando ya no sea útil.
Acusamos a los periodistas y a los medios que prepararon el ambiente político propicio para el crimen que ahora buscan convertir en un “punto de inflexión” en beneficio de la derecha nacional e internacional

