Ronald Johnson y “mi hermano” Verástegui

Por Eduardo Ibarra Aguirre

Por Eduardo Ibarra Aguirre

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 19 de mayo de 2025.- Menos de tres días antes de que presentara sus cartas credenciales en Palacio Nacional a la presidenta Claudia Sheinbaum y apenas unas horas después de que Ronald Douglas Johnson fuera recibido oficialmente por el canciller Juan Ramón de la Fuente, el coronel retirado se dio tiempo para atender una cena privada con Eduardo Verástegui, el ultraderechista mejor conocido en el extranjero, particularmente más en Estados Unidos que en México, donde fue incapaz de cubrir los requisitos legales para incursionar como candidato independiente a la Presidencia de la República en 2024, lo que no obsta para que tenga un protagonismo en cuanta reunión organizan en América sus pares del neofascismo del siglo XXI, lo que denominan la “era Trump” como si se inauguraran con frecuencia.

La cena privada sólo lo fue para efectos de la participación porque el exactor se ocupó de divulgarla en redes sociales, donde publicó un video de la recepción. En la grabación se escucha con toda claridad al otrora boina verde y agente de la CIA (Central de Inteligencia Americana), decir: “Que Dios los bendiga a todos ustedes. Gracias a México, a mi hermano y a todos los presentes”.

La selección que hizo Donald John Trump respecto de Johnson tiene la precisión milimétrica para que el coronel retirado del ejército de USA, otrora oficial de la CIA y miembro de fuerzas especiales, encaje en su geopolítica imperial hacia México y el subcontinente en tiempos de declive sostenido de Estados Unidos en casi todos los órdenes de su anterior hegemonismo indisputado y la prefiguración clarísima del multilateralismo con tres grandes potencias y varias emergentes.

El sátrapa que despacha en la Oficina Oval como presidente de EUA y gran promotor de sus negocios familiares, por lo visto no quiere reeditar la experiencia que padeció con Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, cuando se vio precisado a confesarle: “Con usted no puedo”. Al presidente Enrique Peña Nieto, con todo y sus grandes limitaciones intelectuales y políticas, le expresó “Yo no puedo con eso” (las contadas y parcas aclaraciones de EPN de que México no pagaría la construcción del muro fronterizo).

Para qué batallar tanto si Johnson puede hacerse cargo de las tareas desagradables y hasta cuenta con endebles cabezas de playa como el actor de Televisa, la sonorense que representa los intereses de Ricardo Benjamín Salinas Pliego en el Senado o el afamado Ricardo Canallín que vivió un exilio de lujo en Gringolandia y ahora hasta sueña con ser, nuevamente, candidato presidencial, pero con otro estratega que no lo conduzca otra vez al estrepitoso fracaso de 2018 como lo hizo Jorge G. Castañeda frente al odiado Mesías Tropical (¿O no, ingeniero Krauze?)

Como bien apunta el autor de Astillero, “Lo bueno es que con Johnson no hay margen de error. Es un combatiente, un entusiasta de la posibilidad de intervención militar directa de Estados Unidos en México para exterminar cárteles, un orquestador, en el campo de batalla, de las estrategias de desestabilización, debilitamiento, división interna, siembra de infundios y eventual intervención en México”. Porque aprendió mucho en El Salvador del corruptísimo y autoritario Nayib Bukele y sus pactos con los líderes de las encarceladas pandillas “por terroristas”.

Sólo sería deseable que la presidente con A o con E, no se tome muy en serio su idea de que Trump tiene su propia forma de comunicar. No es un problema comunicacional sino de reinserción de USA en el mundo por las buenas y/o por las malas.