Por Humberto Musacchio
Para la dignísima Janine Otálora.
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 24 de octubre de 2025.– Durante décadas, el Partido Acción Nacional (PAN) mantuvo en alto sus banderas conservadoras, con un fuerte énfasis en su vocación católica y su rechazo al juarismo, situándose como un actor crítico, aunque limitado, frente al régimen priista. Nacido en el auge del nazifascismo, el PAN se mantuvo al margen de los extremos, aunque sin ocultar simpatías por el franquismo, y desarrolló su rol como partido “de la gente decente”, centrado en la crítica social y moral más que en la transformación política.
A lo largo de su historia, el PAN se manifestó en contra de conquistas sociales como el aborto, la unión libre, el divorcio, la homosexualidad y la educación laica, reivindicando la libertad de los padres para decidir la educación de sus hijos “sin deformaciones cientificistas”. Estas posturas contribuyeron a su marginalidad política durante casi seis décadas.
Ejemplos históricos como la represión estudiantil de 1968 muestran la posición ambigua del partido. Mientras condenaba la violencia del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, simultáneamente sugería la existencia de orígenes oscuros y financiamiento externo en el movimiento estudiantil, coincidiendo parcialmente con la narrativa oficial de una “conjura comunista contra México”, según testimonios de panistas como Manuel González Hinojosa.
Durante la docena trágica (2000-2012), el PAN, pese a alcanzar la presidencia, no logró consolidar avances sociales, quedando marcado por la ineptitud y corrupción del dueto Felipe Calderón-Héctor García Luna, lo que facilitó el retorno del PRI bajo Enrique Peña Nieto.
El reciente relanzamiento del PAN, lejos de representar una pérdida de identidad por sus alianzas políticas, confirma su fidelidad a los orígenes y a sus principios conservadores. Sin embargo, las transformaciones sociales en México evidencian que esas banderas históricas ya no conectan con la mayoría: el aborto es legal en gran parte del país, la unión libre supera los matrimonios tradicionales, los divorcios aumentan, y los movimientos feminista y LGTBIQ+ han ganado espacio y respeto social, como se refleja en la Ciudad de México gay friendly.
El PAN, al sostener consignas como “familia, patria y libertad” o al invitar a dignatarios eclesiásticos a sus eventos, puede atraer la simpatía de grupos ultraconservadores como Javier Milei o el partido español Vox, pero también reafirma su carácter de partido anclado en un pasado que ya no define la vida política mexicana, consolidándose más como testigo que como actor transformador.