Una extraña aspiración por el retorno de Stalin

Por Francisco Javier Guerrero

Por Francisco Javier Guerrero

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 01 de noviembre de 2026.- Las recientes manifestaciones, disturbios y actos de impugnación contra diversos Estados y gobiernos de varios países europeos, han sorprendido a no pocos sabiondos y también intelectuales a polendas. En realidad, esas manifestaciones eran tan previsibles y pronosticables como lo fueron la pandemia del COVIV-19 y otros fenómenos.

Aunque parezca extraño, lo que sucede actualmente en el viejo continente está relacionado con la desaparición de lo que se denominó comunismo en la Unión Soviética, la China popular y otras naciones. Con la desaparición del comunismo múltiples magnates del universo capitalista se sintieron muy contentos y alborozados con el derrumbe de varias estatuas del famoso dirigente de la URSS, José Stalin. A mi parecer, deberían proceder a arrepentirse y erigir otros monumentos en honor de ese poderoso caudillo.

Lo que sostengo es que gracias a esas estatocracias – así llamadas entre otros intelectuales como Enrique Semo- los dirigentes de los imperios capitalistas se vieron altamente presionados y obligados a formar los “Estados de bienestar” con el objeto de impedir la expansión del comunismo y por ello, además de la represión violenta contra los luchadores sociales, generaron políticas reformistas que favorecieron en mayor o menor medida a diversos sectores populares. Recordemos que el famoso canciller prusiano Otto von Bismarck afirmó que los obreros se rebelaban porque estaban enfermos y así ese famoso político fue uno de los funcionarios importantes que puso las bases del Estado del bienestar. Varios empresarios se escandalizaron y aseveraron que esa conformación estatal era un tipo de comunismo, pero incluso los apoyadores de tal tipo de Estado afirmaron que era exactamente lo contrario: su aparición y desarrollo era para contener la expansión comunista y de ser posible de borrarla de la faz de la tierra. Incluso un eminente conservador, Winston Churchill, anticomunista frenético, apoyo el Estado de Bienestar, y debido a este se formó lo que Eric Hobsbawm llamó la época de oro del capitalismo unos veinte años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, e incluso en Europa occidental y los Estados Unidos se formaron aristocracias obreras bastante alejadas del deseo de arribar al comunismo.

Por eso afirmó que la existencia de la Unión Soviética y sus aliados eran una garantía de que el sistema capitalista pudiera estabilizarse, ya que el Estado de bienestar por lo menos parcialmente favorecía a grupos de trabajadores en el continente que vio nacer al propio Churchill o a Charles de Gaulle. Pero con la caída del comunismo los principales dirigentes del mundo capitalista ya no se sintieron preocupados por lo que ellos llamaban el imperialismo soviético y por ello han procedido a generar lo que se ha denominado neoliberalismo, una etapa del capitalismo en la cual se pretende defender a propiedad privada de los medios de producción, siendo que en ella se ha despojado de tal propiedad a millones de campesinos, artesanos, miembros de sectores medios e incluso algunos empresarios acaudalados. Debido a la gran concentración y centralización de capitales las fortunas de los ricos del planeta se han potenciado enormemente de tal forma que ahora los Rockefeller y Morgan del siglo XX parecen unos pobres pordioseros en comparación con Donald Trump o Elon Musk. Esta situación no sólo ha exacerbado la explotación de obreros y campesinos, sino que ha incrementado en forma protuberante la desigualdad, la carestía de la vida y el abandono presupuestario de servicios públicos a las poblaciones mayoritarias y por ello se revelan multitud de ciudadanos de los países europeos los cuales son componentes de formaciones multiclasistas. Creyéndose los reyes del planeta los grandes magnates envueltos en la soberbia y el narcisismo lo que han logrado es el aumento gigantesco de la conflictividad social que incluso puede aumentar más en los próximos años y por ello es necesario y apremiante una revitalización de los múltiples grupos de izquierda autentica, no decorativa, y representante de las demandas populares; de no ser así, todos los seres humanos nos dirigimos hacia un precipicio. Por ello me parece que algunos personajes semejantes a Rico MacPato empiezan a padecer una extraña aspiración: la del retorno de Stalin y sus herederos. Y recordemos que en cambio Paco Ignacio Taibo II reunió una serie de testimonios de pensadores y artistas en un texto que tuvo por título: “Padrecito Stalin, no vuelvas”