La Casa de las Palabras o, lo que es lo mismo: “el ajolote p(o)atético de la Cuarta Transformación”. Adiós a la Casa del Poeta Ramón López Velarde
Por Jocelyn Pantoja
Por Jocelyn Pantoja
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 07 de junio de 2026.- En medio del sacrificio de los dioses que exigía mantener el movimiento del Sol, Xólotl sintió miedo y huyó de su destino. Para escapar, se convirtió en maíz, maguey y, finalmente, en ajolote. Pero los dioses terminaron encontrándolo y lo sacrificaron, completando así el ciclo necesario para que el Sol continuara su marcha.
Desde una lectura simbólica, la idea más fuerte no es Xólotl en su transmutación en ajolote, sino Xólotl descansando sobre la memoria de su propia transformación. Ahí hay una capa conceptual muy rica: el dios reposa sobre aquello en lo que se convirtió para escapar de su destino. Esto introduce temas de memoria, identidad, metamorfosis y retorno.
La Historia es de quien la cuenta, de cómo la cuenta y de quien la trabaja.En un acto concurrido (sabrá el propio Xólotl lleno de qué personajes), el pasado 4 de junio, durante la inauguración de la Casa de las Palabras, la secretaria de Cultura, Ana Francis Mor, mencionó (sic):
Entonces le cuento, señora secretaria:
La Casa del Poeta era eso: una casa que, siendo del Poeta, nos incluía a todos los poetas. Una metonimia viva donde el legado y el nombre del poeta nacional (quien escribió, sin lugar a dudas, el poema épico más importante de nuestra literatura) nos congregaban en la poesía misma.
Quizá, no lo sé, su desconocimiento o absoluta lejanía respecto de lo que es e implica la poesía le impidan saber que esto no es ni un privilegio ni una pose, sino una vocación, un oficio, un cultivo, un enjambre en la mente y una derivación constante de voces que se entrecruzan y enlazan con la raíz más sagrada del lenguaje.
Por eso, y también creo que usted no lo sabe, no se es poeta per se, ni tampoco se nace poeta. El poeta se hace en un cotidiano y errabundo mirar y escuchar del mundo, en su construcción y deconstrucción mediante la palabra; sí, en singular, no en plural, porque no hay “palabras” en el mundo de los poetas: hay lenguaje y amor por la palabra, por cada una de ellas.
Quizá esto sí le resulte familiar: eso que dice Silvio —imagino que es lo más cerca que usted ha estado de la poesía—, “la palabra precisa”.
Cada palabra tiene su entrever, su mirar y, claro, su sonido; pero además posee una profundidad que conversa con la realidad en su muy particular forma de estar en el mundo, a través de la voz y el cuerpo de un poeta. Cada poeta encuentra la palabra en algo complejo: en aquello que su ética y su estética le permiten, en el mensaje del momento que experimenta, en la historia de la realidad y en su circunstancia vital, que su oficio transforma.
El hecho poético no consiste en lanzar versos eróticos al aire como los de su reel promocional de su muy nueva y, por ello mismo, todavía inexistente Casa de las Palabras (que, por cierto, y si no lo ha notado, habla de una relación pedófila…).
En fin, no estoy aquí para darle una clase de apreciación estética, ni tampoco he venido a hablar de poéticas. Aunque, pensándolo bien, no le haría daño escuchar poesía y aprender. Comprendo, sin embargo, que su agenda, ocupada en cómo hegemonizar “lo cultural”, no le permita deleitarse y conocer lo que es e implica la Poesía, sí, con mayúscula, porque es el arte mayor y primigenio, desde que existe la conciencia del Arte.
Y de cómo la cuenta
Muy bien algo de poesía para usted.
Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.
Suave Patria, Ramón López Velarde.
Y de quien la trabaja
Muy bien, heme aquí trabajando una historia breve:
Un lugar comunitario —de los poetas— ha sido apropiado por un gobierno que defiende y exhibe como bandera los derechos culturales. Entre los derechos básicos deberían encontrarse la libertad de expresión y el derecho al trabajo (¿acaso los poetas no tienen esos derechos?), pero los derechos culturales, específicamente nombrados en la Constitución de la Ciudad de México en su artículo 11, párrafo primero, inciso a – j, (sólo menciono el a) dicen a la letra y se lee:
ARTÍCULO 11.- La presente Ley afianza la diversidad cultural de las personas, grupos, comunidades, barrios, colonias, pueblos y barrios originarios y de todos quienes habitan y transitan en la Ciudad de México; a estos efectos provee de un marco de libertad y equidad en sus expresiones y manifestaciones culturales en sus formas más diversas.
- Para los efectos toda persona, grupo, comunidad o colectivo cultural tendrá el acceso irrestricto a los bienes y servicios culturales que suministra el Gobierno de la Ciudad y les asiste la legitimidad en el ejercicio, entre otros, de manera enunciativa y no limitativa, de los siguientes derechos culturales.
a) A elegir y que se asegure, en la diversidad, su identidad cultural y formas de expresión y manifestación.
Sabe, y esta es también mi historia, una muy personal: yo contribuí a esa redacción, participé en los debates y en la lucha por la inclusión del catálogo de derechos culturales en esta ciudad. Y aunque esto resulte irrelevante, sepa que he trabajado para que esta ciudad y este país sean espacios de derechos y no de “caprichos” del gobernante en turno.
Por cierto, aunque usted ya era una figura pública en ese entonces, su oficio cabaretero no le permitió asistir a esas mesas. Quiero decir que aquello que usted presenta hoy como supuesta “inclusión” no es sino un discurso vacío que le proporciona reflectores.
También la extrañé en los debates sobre la Ley de ECIS y, anteriormente, en la conformación de la Red de Espacios Culturales Independientes y Alternativos (2005), que formuló los primeros planteamientos para que dicha ley pudiera materializarse. Claro está que la propuesta actual resulta muy distinta y lejana de aquello que verdaderamente habría dado empoderamiento y capacidad de acción a la vitalidad de la cultura independiente de esta ciudad.
Entonces, señora (excabaretera, exdiputada y exreina chula) ¿Está segura de que trabajó y ha trabajado?
Aquí se escucha el silencio de los mismos personajes políticos que usted satirizó alguna vez.
Sin duda hoy trabaja. Pero yo le diré para qué.
Usted trabaja para asegurarse el poder para sí misma y para una camarilla de personajes que, casualidad o no, operan con presupuestos públicos. Sobre la memoria de un poeta funcionará el primer “cabaret público” de la ciudad. ¡Genial! Chamba para les amigues. Eso se llama “patrimonialización del servicio púlbico” y si lo prefiere “tráfico de influencias” y/o ¿corrupción?
Trabaja para no perder el espacio dentro de lo que supone serán las mieles eternas del poder. Y eso, señora secretaria, está muy lejos de la realidad.
Digámoslo así: existimos dioses que nos negamos a ser sacrificados. La ajolotización de su jefa sólo nos recuerda que ustedes han envenenado el agua. Recuerde algo como hijos de Xólotl: reconstruiremos y sanaremos cada uno de nuestros órganos, incluso el corazón.
Hasta mañana… que más tarde que temprano amanece.