La compañia Tierras Mexicanas presentó México Indígena y Mestizo en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

Por Juan Pérez

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 05 de septiembre de 2026.- Bajo la dirección de Carlos González, la compañía Tierras Mexicanas presentó la noche de este viernes su propuesta dancística México Indígena y Mestizo; un programa que celebra la grandeza de las distintas regiones del país. A través de la música, la indumentaria y la energía de cada baile y danza, nos recuerda la importancia de nuestra identidad y de nuestra historia.

La fuerza de las polkas de Durango, la cadencia de los sones de artesa, las danzas y huapangos de Hidalgo, la elegancia de los sones de Veracruz y la algarabía de los sones de Jalisco conforman algunos de los cuadros que revelan la riqueza y diversidad cultural de México.

El recorrido comenzó por el estado de Hidalgo, donde la riqueza cultural se manifestó en sus costumbres, música y danzas que narran la historia de su pueblo. Sus textiles y bordados llenan de colores el sonido de sus danzas, convirtiéndolas en una oración en movimiento. Sus huapangos, quizás el género más representativo de esta entidad, llenan de vigor, algarabía y picardía todas sus celebraciones.

Continuando por el Estado de México, específicamente en Chimalhuacán, la piedra se labra desde tiempos ancestrales. En el barrio de Xochiaca, ese oficio sigue vivo; de ese orgullo cantero nació el nombre de la comparsa Escultores de Xochiaca. Los trajes de las charras y los charros son únicos, cambian por completo cada año y participan de igual manera en el carnaval de Chimalhuacán, manteniendo vivo el gusto por esta festividad.

Por su parte, Michoacán se hizo presente con la velocidad de los sones calentanos, que nos permiten apreciar la fuerza y la virtuosidad del folklore de esta región. Este género, conformado por rasgos españoles, indígenas y africanos, tuvo su primer mestizaje musical y poético a partir del canto llano y los villancicos utilizados en el teatro de evangelización.

Dando lugar a Nayarit, los sones mestizos nayaritas han conservado hasta nuestros días un estilo distintivo que combina el zapateado, de gran complejidad, con referencias al entorno natural, especialmente a la fauna. Desde principios del siglo XIX se popularizaron sones que llevan nombres de animales cuyos movimientos son imitados por los bailarines, como El son del buey o El gallito. Estas piezas, cargadas de simbolismo y energía, enmarcan celebraciones como la boda nayarita, donde mujeres virtuosas y hombres vigorosos danzan con alegría, complicidad y entusiasmo, reafirmando los lazos comunitarios y la riqueza cultural del estado.

No faltaron los sones de artesa de Guerrero, una expresión festiva y ritual de profunda raíz afroindígena, originaria de la Costa Chica. Su nombre proviene de la «artesa», una tarima de madera sobre la que los danzantes zapatean al ritmo del violín, la guitarra y la tambora. Estas danzas, llenas de simbolismo, celebran la fertilidad de la tierra, el cortejo amoroso y la comunión comunitaria. Cada son es un diálogo entre el cuerpo, la música y la tradición oral, que mantiene viva la identidad cultural de los pueblos costeños.

Dando paso a Durango, tierra de contrastes y tradiciones profundas, se distingue por una cultura forjada entre el desierto y la sierra. Su música, con predominio de la tambora y los corridos norteños, refleja el alma recia y festiva de su gente. Sus polkas han resistido el paso del tiempo, ejecutándose cada vez con mayor virtuosidad y fuerza.

Llegando a Veracruz, una de las muestras más genuinas y representativas dentro del folklore mexicano. Sin duda, Veracruz es el ejemplo perfecto del encuentro de dos mundos. Su zapateado, indumentaria y música nos siguen mostrando que somos el resultado de la mezcla genuina de dos civilizaciones.

Y así llegar a Jalisco, donde los sones de Jalisco nos dan presencia e identidad a nivel mundial. Los charros y las rancheras son la referencia de nuestra cultura y algarabía. Por excelencia, los diferentes atuendos de este estado, así como el mariachi, son quizás el ejemplo más representativo de nuestro folklore nacional, cruzando fronteras con su alegría, fuerza y colorido.