Periodistas Unidos. Ciudad de México a 3 de agosto de 2026.-Hay decisiones pequeñas que dicen mucho de un viaje, y una de ellas es el libro que entra en la maleta. No siempre es el que se estaba leyendo antes de salir ni el que llevaba meses en espera, es otro, uno que se adapta al ritmo del trayecto, a los tiempos muertos y al estado de ánimo que acompaña cada desplazamiento.
La elección no es casual, porque los hábitos de lectura cambian cuando se viaja, ya que en trayectos largos, como vuelos internacionales o traslados de varias horas, predominan historias que permiten desconectarse por completo, como narrativas que enganchan y sostienen la atención durante varios capítulos, mientras que en escapadas cortas ganan espacio los libros que pueden leerse por fragmentos, con ideas claras o capítulos independientes que se retoman con facilidad entre actividades.
Hay títulos que se repiten con frecuencia en las maletas, no solo por su popularidad, sino porque responden a necesidades concretas del viajero, porque acompañan decisiones, ordenan ideas o simplemente hacen más ligero el camino. Para IATI Seguros, entre los títulos más elegidos para disfrutar del trayecto están los siguientes:
El acto de crear: una manera de ser, de Rick Rubin
Es un libro que suele elegirse cuando hay necesidad de reconectar con la creatividad, porque plantea una mirada distinta sobre el proceso creativo como una forma de vida más que como una técnica, y su estructura permite avanzar por fragmentos, lo que lo vuelve funcional en trayectos largos o en momentos de pausa donde hay espacio para reflexionar.
Atrévete a liderar, de Brené Brown
En este caso, la lectura conecta desde otro lugar, ya que no parte del éxito, sino de la vulnerabilidad, y habla de liderazgo desde la confianza, la empatía y la capacidad de sostener conversaciones difíciles, por lo que se presta para leerse por partes, subrayarse y retomarse en distintos momentos del viaje, especialmente cuando hay pausas breves.
Let Them, de Mel Robbins
Para quienes buscan soltar el control y reducir la carga mental, este libro se ha vuelto recurrente, porque plantea una idea sencilla pero poderosa, dejar que las cosas sucedan sin intentar controlarlo todo. Su formato directo permite avanzar sin perder el hilo, lo que lo hace útil en trayectos fragmentados o momentos donde la lectura se interrumpe.
Hábitos atómicos, de James Clear
Se mantiene como uno de los libros que más viaja, ya que explica cómo pequeños cambios sostenidos generan resultados a largo plazo, y su enfoque práctico permite avanzar sin perder el hilo, lo que lo vuelve ideal tanto en formato físico como en audiolibro durante traslados, además funciona bien cuando el viaje también se convierte en un espacio para replantear rutinas.
El arte de la guerra, de Sun Tzu
En el caso de este clásico, su vigencia se mantiene porque su formato breve y estructurado en ideas permite retomarlo en distintos momentos, y al no exigir continuidad se vuelve útil en trayectos cortos o tiempos interrumpidos, mientras aporta perspectiva en contextos de cambio o competencia.

La forma de leer también cambia cuando se viaja, porque los formatos se adaptan al ritmo del trayecto, y en ese ajuste los audiolibros han ganado terreno de forma sostenida, ya que más de la mitad de los adultos ha escuchado al menos uno y, según Edison Research, su consumo diario ha crecido más de 160% en los últimos años, impulsado en gran parte por trayectos largos, traslados y tiempos fragmentados donde escuchar una historia permite avanzar sin detenerse.
El libro físico, en cambio, suele aparecer en momentos de calma, como una tarde sin itinerario o una mañana sin prisa, mientras que el ebook se convierte en una opción práctica para quienes buscan llevar varias lecturas sin cargar peso.
La lectura también muestra el momento emocional, porque hay quienes buscan historias que los saquen de su rutina, en tanto que otros prefieren contenidos que aporten herramientas o ayuden a ordenar ideas, e incluso hay viajeros que eligen libros vinculados al destino como una forma de entender mejor el lugar que visitan. En ese cruce, el libro más que un accesorio se vuelve parte del viaje, ya que marca pausas, acompaña trayectos y en muchos casos se convierte en un recuerdo ligado a un lugar específico.
Para IATI Seguros, estos hábitos revelan cómo han cambiado las formas de viajar, porque los trayectos combinan trabajo, descanso y movimiento constante, lo que hace que cada momento cobre valor, y la lectura se integra a ese ritmo y se adapta a distintos escenarios, desde un vuelo largo hasta una espera breve.
“El viaje no solo se vive en el destino, también en todo lo que ocurre en el trayecto. Esos momentos, que muchas veces parecen secundarios, son los que terminan construyendo la experiencia completa. Elegir qué leer, en ese sentido, también es una forma de elegir cómo vivir el viaje”, señala Alfonso Calzado, CEO de IATI Seguros.