Petro alerta en la UNAM sobre el avance del tecnofascismo y el control digital de la humanidad

Por Alejandro Meléndez

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 02 de septiembre de 2026.- El expresidente de Colombia, Gustavo Petro, advirtió este miércoles en la UNAM que la robotización, la inteligencia artificial y el control de los datos por un puñado de milmillonarios están configurando un “tecnofascismo global” para sostener la última fase del capital, en un momento en que —dijo— la economía fósil empuja a la humanidad hacia la extinción.

El capital en el Siglo XXI. Economía política de la crisis climática se realizó en el auditorio Alfonso Caso de Ciudad Universitaria, ante un recinto lleno. El acto, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS), fue un éxito y los cupos se agotaron en dos horas.La conferencia magistral

Petro llegó cerca de hora y media tarde. Antes había salido de una reunión en Palacio Nacional con la presidenta Claudia Sheinbaum. El retraso, atribuido también al tráfico de la capital, recortó el programa: no hubo ronda de preguntas y respuestas. Al cierre, el organizador John Ackerman entregó al invitado un paquete de comentarios de estudiantes y lo despidió con prisa: el expresidente tenía avión a las seis de la tarde.

Fue su primera salida internacional después de dejar la Casa de Nariño el 7 de agosto. En Palacio Nacional, Sheinbaum le ofreció coordinar proyectos intelectuales en México; Petro respondió que había decidido seguir viviendo en Colombia.

Chiflidos al rector y “¡Fuera PRI de la UNAM!”

Ackerman, director del PUEDJS, abrió la sesión con una disculpa por la tardanza y presentó a Petro como “uno de los líderes más importantes a escala mundial” en un momento de “policrisis humanitaria, civilizatoria y planetaria”. Destacó su condena al genocidio en Gaza, su defensa de la soberanía latinoamericana y su crítica a lo que llamó la “necropolítica” del capital transnacional y de los “nuevos tecnoligarcas”.

El clima del Alfonso Caso no fue unánime. Cuando Ackerman agradeció a Néstor Martínez Cristo, coordinador de proyectos especiales de la oficina del rector Leonardo Lomelí Vanegas, y pronunció el nombre del titular de la máxima casa de estudios, el auditorio estalló en chiflidos. Desde las butacas se escuchó el grito de “¡Fuera PRI de la UNAM!”. El presentador siguió con la lista de anfitriones: Gerardo Torres Salcido, director del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC), y el propio Martínez Cristo, a quienes reconoció por haber abierto el espacio.

En el recinto estaban también la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y la embajadora de Palestina en México, Nadia Rasid.

“México está en un proceso mejor que el nuestro, ha logrado varios periodos consecutivos, debe profundizarse”, dijo Petro. “¿Hacia dónde? ¿Cuáles los peligros? ¿Qué nos pasó a nosotros?”

Del teorema de Walras al “omnicidio”

El expresidente, economista de formación, adelantó el último capítulo de un libro que acordó publicar con el Fondo de Cultura Económica, dirigido por Paco Ignacio Taibo II, con el que se reunió dos días antes. Distinguió, con Aristóteles, entre economía —producir para una vida buena— y crematística, “la ideología de los negociantes”. El pensamiento económico dominante, afirmó, es lo segundo.

Sostuvo que el neoliberalismo es la última fase del capital y que el teorema neoclásico de Walras —según el cual el mercado libre maximiza el bienestar— choca con la evidencia: “No vamos hacia la felicidad; vamos hacia la extinción”. Ligó esa extinción a lo que denominó “economía fósil”: el capitalismo, desde la Revolución Industrial, no cambió su base energética —carbón, petróleo y gas— y esa base, según las ciencias físicas y climáticas, altera el ciclo del agua y multiplica desastres.

Don’t Look Up: vamos ciegos a un abismo”.Puso el ejemplo reciente de Nepal: un glaciar debilitado por el calor formó un embalse que luego se rompió. “No es natural. Lo produjo la crisis climática. Eso lo veremos una y otra vez, y cada vez peor.” Acusó a Donald Trump, Marco Rubio y J. D. Vance de negar el fenómeno: “Es lo mismo que

La acumulación de capital, dijo, exige más productividad con la misma energía sucia. La robotización y la inteligencia artificial profundizan ese proceso: sustituyen trabajo vivo por “trabajo muerto”, elevan las ganancias de los dueños de las máquinas y del software, y preparan una crisis de sobreproducción a escala planetaria. El COVID, argumentó, fue una alerta: cuando el trabajador se queda en casa, “adiós capital”.

“Dueños de la matemática” y el club de la oscuridad

Ahí situó el núcleo político de su tesis. Si cada vez menos gente trabaja y compra, el capital solo puede sobrevivir “controlando al máximo la humanidad”. Ese control, dijo, ya no es el de la policía a caballo de Sacco y Vanzetti ni el de las bananeras, sino digital y global.

Nombró a Peter Thiel —cofundador de PayPal, impulsor de Palantir— como figura de un grupo que se autodenomina “intelectuales de la oscuridad”: dueños del software y de las grandes bases de datos, “dueños de la matemática”, sentados en primera fila en la toma de posesión de Trump junto a Elon Musk y otros milmillonarios. Según Petro, su tesis central es que “la democracia es contradictoria a la libertad” y que la Ilustración se equivocó.

Describió Palantir —la “piedra vidente” de El señor de los anillos— como un panóptico orwelliano: escuchar, registrar y anticipar cada vida para impedir que una crisis de sobreacumulación se convierta en insurrección. A ese ojo le sumó lo que llamó “la matrix de la mentira”: una cúpula algorítmica que introduce falsedad en la mente colectiva.

“Dejé de ir a Davos”, relató. Fue una vez “a ver cómo era el espectáculo”. Cuando el Foro Económico Mundial presentó a Javier Milei como héroe de las salidas a las crisis que los propios ricos habían enumerado —clima, guerra, enfermedad—, concluyó que esa élite “se volvió bruta” y no regresó. “Ya no me van a invitar nunca más.”

Negre, Cerimedo y la “matrix” electoral

El tramo más concreto —y el más polémico— de la conferencia fue su denuncia de operaciones digitales de ultraderecha en América Latina. Petro acusó al consultor argentino Fernando Cerimedo y al periodista español Javier Negre, ligados a La Derecha Diario, de construir una maquinaria de bots, granjas de perfiles falsos y manipulación algorítmica al servicio de candidaturas de extrema derecha.

Dijo que en las elecciones colombianas actuaron “dos millones de bots” provenientes de Miami, no de Bolivia; que un software de una empresa israelí de seguridad privada, instalado en el consulado colombiano en Los Ángeles, intervino en 1,350 puestos de votación; y que esa arquitectura, y no solo el voto ciudadano, explica el triunfo de Abelardo de la Espriella. Afirmó que Iván Cepeda habría ganado un sufragio “libre” y que el mismo método opera o se prepara en Honduras, Bolivia, Perú, Brasil y, potencialmente, México y Estados Unidos.

Esas acusaciones las ha reiterado en redes tras la detención de Cerimedo en Bolivia. Medios de verificación en Colombia las han cuestionado y no hay, hasta ahora, un fallo judicial que las confirme. Petro las presentó en la UNAM como parte de un mismo sistema: Palantir para vigilar, la matrix para mentir, el tecnofascismo para impedir que el capital se derrumbe.

También dijo figurar en la lista OFAC “por defender a Palestina cuando empezó el genocidio”, y vinculó el espectáculo del exterminio en Gaza —“visto por televisión”— con la legitimación de ese control global.

Dos caminos: extinción o tiempo libre

El cierre volvió a la disyuntiva que recorre el libro. La productividad, argumentó, puede llevar a dos mundos: más mercancías, más energía fósil, más ganancia para el dueño del número y, al final, crisis climática y esclavitud mental; o menos tiempo de trabajo, tiempo libre pagado, más arte, más saber y una democracia global.

“Estamos en un 1933 global”, dijo. El fascismo, añadió, “siempre lleva al holocausto”; hoy ese holocausto podría ser climático, misilístico o la “barbarie misma política”. El filtro de su política, explicó, no es ya el socialismo ni el progresismo, sino “la humanidad y la vida”. En una conversación reciente con Sheinbaum —la misma que lo retrasó— surgió la palabra que quiere oponer a la barbarie: humanismo.

No hubo debate. Ackerman le pidió volver “a dictar más cátedras” en la universidad pública, gratuita y laica. Petro, que desmintió versiones de la prensa colombiana según las cuales venía a asilarse —“no me volé, me regreso ahora mismo”— se llevó las preguntas por escrito y salió rumbo al aeropuerto.

En el Alfonso Caso quedaron dos escenas superpuestas: la tesis del exmandatario sobre un fascismo de algoritmos y fósiles, y el abucheo estudiantil al rector cuando su nombre cruzó el micrófono. La disputa, en ambos casos, se planteó como una pelea por quién controla la universidad, el dato y el futuro.