Medios de comunicación en México: Videopolítica, cultura de masas y el horizonte ético del “grado cero”

Por Ulises Tapia

Por Ulises Tapia

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 07 de marzo de 2026.- El presente artículo analiza críticamente el papel de los medios de comunicación en México desde una perspectiva teórico-crítica basada en Giovanni Sartori (Videopolítica), Umberto Eco (Apocalípticos e integrados) y Roland Barthes (El grado cero de la escritura). Se sostiene que, en el contexto contemporáneo, la comunicación política mexicana se encuentra atrapada entre la lógica de la videopolítica, la dualidad entre manipulación y democratización cultural, y la ausencia de una ética periodística que garantice el derecho a la información. El análisis se ilustra con ejemplos de campañas electorales, el rol de las conferencias matutinas presidenciales y los desafíos éticos del periodismo en un país donde la violencia contra comunicadores y la posverdad predominan.

El papel de los medios de comunicación en México ha sido históricamente central en la configuración de la opinión pública y en la legitimación del poder político. Desde la hegemonía televisiva de Televisa y TV Azteca en el siglo XX hasta el actual ecosistema híbrido de plataformas digitales, los medios no solo transmiten información, sino que estructuran la manera en que los ciudadanos perciben la realidad política y social.

En este marco, las categorías de Giovanni Sartori (1998), Umberto Eco (1964) y Roland Barthes (1953) permiten analizar críticamente el sistema mediático mexicano: Sartori aporta la noción de la videopolítica como espectáculo audiovisual; Eco plantea la tensión entre una visión apocalíptica y una integrada de la cultura mediática; Barthes introduce el horizonte ético del “grado cero” como ideal de una escritura transparente.

La hipótesis que se defiende es que el sistema mediático mexicano está atrapado en una paradoja: por un lado, intensifica la lógica de la videopolítica, y por otro, oscila entre la manipulación oligopólica y la democratización digital, todo ello en un marco donde el ejercicio periodístico carece de las condiciones éticas y políticas necesarias para acercarse al grado cero de la comunicación.

Sartori (1998) advertía que la democracia contemporánea estaba siendo reemplazada por una “videocracia”, donde la imagen sustituye al argumento racional. En México, este fenómeno ha sido evidente desde las campañas presidenciales televisadas de finales del siglo XX. El caso paradigmático es la elección de 2012, donde Enrique Peña Nieto fue proyectado como un candidato “telegénico”, construido en buena medida por el aparato televisivo (Huerta Wong & Gómez, 2013).

Hoy, la videopolítica se ha trasladado a plataformas digitales. En la campaña presidencial de 2024, los equipos de las candidatas Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez invirtieron gran parte de sus recursos en TikTok y Facebook, privilegiando la viralidad de videos cortos sobre la profundidad de propuestas. De acuerdo con el INE (2024), el 70% del gasto en comunicación política se dirigió a contenidos audiovisuales en redes sociales.

Así, la videopolítica no solo persiste, sino que se ha intensificado: de la televisión masiva se pasó a la microsegmentación digital, pero en ambos casos el ciudadano es interpelado como espectador pasivo, más que como sujeto deliberante. El caso de “X” se vuelve particular en función de los llamados ”Boots” y la función de estos al ser programadas para interactuar con publicaciones contrarias a los intereses contratantes; evidenciando el posicionamiento de discursos alineados a causas especificas, dando como resultado una carga informativa divirgente a la relidad.

Umberto Eco (1964) planteaba dos actitudes frente a la cultura de masas: la apocalíptica, que denuncia su capacidad de alienación, y la integrada, que celebra su potencial democratizador. Esta dualidad atraviesa de manera visible el sistema mediático mexicano.

Por un lado, desde una visión apocalíptica, la concentración de medios sigue siendo un problema estructural: Televisa y TV Azteca controlan más del 60% de la audiencia televisiva nacional (IFT, 2023). Durante décadas, estas empresas han moldeado la narrativa política y cultural, contribuyendo a un espacio público limitado.

Por otro lado, la expansión de medios digitales ha generado una apertura parcial. Plataformas como Aristegui Noticias, SinEmbargo o Latinus representan un espacio para voces críticas, mientras que redes sociales permiten la articulación de movimientos ciudadanos como #YoSoy132 en 2012 o las protestas feministas de 2020. Sin embargo, estas mismas plataformas digitales han sido terreno fértil para la desinformación, la polarización y la creación de burbujas informativas.

El caso de la pandemia de COVID-19 lo ejemplifica con claridad: mientras los medios tradicionales transmitían cifras oficiales y las conferencias vespertinas, en redes sociales proliferaban narrativas conspirativas y antivacunas, mostrando la coexistencia de polos apocalípticos e integrados en un mismo espacio informativo.

Roland Barthes (1953) propuso el “grado cero de la escritura” como un ideal de comunicación transparente, despojada de retórica y enmascaramientos ideológicos. Aplicado al periodismo, este concepto representa la aspiración de informar con rigor, objetividad y responsabilidad.

No obstante, en México la realidad es opuesta. El periodismo enfrenta un doble obstáculo: la violencia y la mercantilización. Por un lado, México es desde 2022 el país más peligroso de América Latina para ejercer el periodismo, con al menos 15 periodistas asesinados en 2023 (RSF, 2023). El caso de Javier Valdez, asesinado en 2017 en Culiacán, simboliza la imposibilidad de un periodismo ético en un contexto de impunidad y violencia estructural.

Por otro lado, la lógica digital ha impuesto una escritura orientada al clickbait y la inmediatez, donde lo importante es generar tráfico y emociones antes que verdad. Ejemplos como la cobertura de la elección de 2024, donde se difundieron “noticias falsas” sobre supuestos fraudes, muestran cómo la posverdad desplaza al ideal barthesiano del grado cero.

En este sentido, el periodismo mexicano está atrapado entre la censura violenta y la banalización comercial, lo que evidencia un déficit ético estructural que afecta directamente la calidad democrática.

La integración de los aportes de Sartori, Eco y Barthes permite comprender que los medios en México no son canales neutrales, sino aparatos ideológicos del Estado y del mercado (Althusser, 1970). La videopolítica convierte la democracia en espectáculo; la dualidad apocalípticos/integrados refleja la tensión entre hegemonía y resistencia; y la ausencia del grado cero confirma el déficit ético del periodismo mexicano.

Las conferencias matutinas presidenciales —transmitidas diariamente por YouTube y otros medios— ilustran cómo el poder político utiliza recursos audiovisuales para posicionar narrativas en la esfera pública. Más allá de su función informativa, estos espacios operan también como dispositivos de construcción simbólica, en los que se establece una agenda mediática que los medios de comunicación reproducen, amplifican o, en ocasiones, confrontan. Desde la perspectiva de Sartori, pueden entenderse como una forma contemporánea de videopolítica: por un lado, ofrecen un acceso directo y masivo a la información (una lectura “integrada” en el sentido de Eco); por otro, concentran la definición del debate público en la figura presidencial, lo que sugiere un matiz “apocalíptico” en términos de control de la narrativa y reducción del espacio para la deliberación plural.

El sistema mediático mexicano se caracteriza por tres rasgos centrales:

  1. La persistencia e intensificación de la videopolítica, ahora adaptada al entorno digital.
  2. La tensión entre concentración oligopólica y fragmentación digital, que refleja la dualidad apocalípticos/integrados.
  3. La ausencia de una ética periodística, evidenciada en la violencia contra periodistas y la lógica de la posverdad.

La consecuencia de estos procesos es una democracia debilitada, donde el ciudadano es tratado como consumidor de imágenes antes que como actor deliberativo. Frente a ello, la tarea pendiente es construir una alfabetización mediática que permita resistir la manipulación, proteger a los periodistas y reivindicar la ética comunicativa como condición de posibilidad de una democracia sustantiva.

Referencias

  • Althusser, L. (1970). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. París: Maspero.
  • Barthes, R. (1953). Le degré zéro de l’écriture. París: Éditions du Seuil.
  • Eco, U. (1964). Apocalípticos e integrados. Barcelona: Lumen.
  • Huerta Wong, J. E., & Gómez, R. (2013). “Concentración y diversidad de los medios de comunicación en México”. Comunicación y Sociedad, 20(1), 19-48.
  • Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). (2023). Estudio sobre concentración de audiencias televisivas en México. México: IFT.
  • Instituto Nacional Electoral (INE). (2024). Informe sobre gasto en comunicación política. México: INE.
  • Reporteros Sin Fronteras (RSF). (2023). Clasificación mundial de la libertad de prensa 2023. París: RSF.
  • Sartori, G. (1998). Homo videns: La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus.