Periodistas Unidos. Ciudad de México. 18 de junio de 2026.- El prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila. El adagio popular es norma de los políticos. Durante las campañas se deshacen en elogios hacia las fuerzas antigobiernistas, pero al llegar al poder fruncen la nariz ante el olor de rebeldía que despiden los protestatarios. Hoy, la repelencia morenista ante la CNTE lo prueba una vez más y busca apoyo en el alicaído sindicalismo charro, esa perversión laboral enquistada en el SNTE, al que ven, si no como la última línea de defensa, sí como un importante valladar ante las pretensiones de esos manifestantes que cierran calles y causan más bilis que destrozos con su protesta.
La apuesta oficial es condenar a esos trabajadores que se han rebelado contra el despojo de sus derechos, la miseria de sus pensiones, la devaluación social en la que han caído, cuando en otros tiempos fue muy respetable y respetada la figura del maestro, ante la cual muchas generaciones desplegaron una justificada veneración, pues no es cualquier cosa llevar el conocimiento a quienes desean una forma de vida con menos limitaciones de todo orden.
Para Mario Delgado, el salario de un profesor de escuela pública ya pasa de 20 mil pesos mensuales, pero, según Data Base, el promedio nacional anda por los ocho mil pesos mensuales, aunque con grandes disparidades, pues la percepción promedio de las profesoras es de siete mil 700 pesos, mientras que el de los docentes varones promedia ocho mil 700 pesos. Por estados, la cosa no anda mejor, pues Campeche aparece como la entidad donde se paga mejor a los educadores (12,800 pesos mensuales), lo que está muy lejos de los 20 mil de que se jactan las autoridades.
Si generosamente calculamos el ingreso anual de un profesor en cien mil pesos, la suma no llega a cinco mil 800 dólares, en tanto que un maestro en Estados Unidos percibe 62 mil dólares al año; uno de Canadá, 71 mil 664 dólares; el de Alemania, 80 mil 407 dólares y, en Luxemburgo, un docente con más de 15 años de experiencia puede cobrar más de cien mil dólares al año.
Si se compara la percepción anual de los mexicanos de nuevo ingreso al magisterio con la de sus colegas de Argentina, bajo el régimen de Milei, el resultado puede ser enorgullecedor para la SEP, pues los maestros platenses perciben apenas 500 dólares anuales, pero el gozo se va al pozo si ponemos el ingreso de nuestros mentores frente al de los brasileños, que es de casi 900 dólares anuales, o el de Colombia, que alcanza mil 33 dólares por año.
Viendo tales cifras, la conclusión obligada es que el magisterio mexicano está entre los peor pagados del continente y, probablemente, del mundo. De modo que es poco menos que nada lo que se puede celebrar. Con profesores mal pagados tendremos una educación deficiente. O, más bien, ya andamos en ésas, pues hay muchachos que logran llegar a la licenciatura y todavía no son capaces de leer con fluidez y escriben con cabal ignorancia de la sintaxis y la ortografía, debido a que una educación primaria deficiente condiciona todo el trayecto académico. Por eso las demandas magisteriales deben ser asumidas por la sociedad y atendidas por las autoridades.
Los profesores que protestan se movilizan a un alto costo para ellos; insisto, para ellos, porque no tienen patrocinadores, como quieren creerlo algunas autoridades y no pocos periodistas. Por supuesto, los integrantes de la CNTE causan problemas en los espacios donde desfilan o hacen plantones. Sí, y quizá los dirigentes deberían sopesarlo para no atizar la antipatía de los sectores afectados.
Sin embargo, más allá de esos problemas, el hecho incontrovertible es que sus demandas están plenamente justificadas y su protesta es legítima, pero la desesperación ante la falta de soluciones, ante las conversaciones sin resultados y la campaña que pretende desprestigiar las movilizaciones, lejos de apaciguar los ánimos, genera enconos explicables. Los mentores defienden lo justo y necesario, pero su contraparte se empeña en verlos como sus enemigos. De este modo, como lo veremos en la elección de 2027, Morena se quedará sin los votos de esos profesores y sus familias, pero también con la animadversión de quienes son afectados por las movilizaciones. Es un juego sin ganancia. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.