Por Martín Solares
Periodistas Unidos. Ciudad de México. 16 de junio de 2026.- En lo que concierne al conflicto sobre las funciones del Museo Casa Ramón López Velarde todo apunta a una lamentable reacción de las autoridades culturales. Lo dicho antes: nuestros funcionarios culturales confunden a Alfonso Reyes con José Rubén Romero y a López Velarde con Liza Minnelli. Mientras la comunidad poética convoca a una manifestación afuera de dicho museo, la secretaría de cultura organiza un evento a todas luces improvisado y anónimo, pues no se atrevieron a publicar los nombres de los participantes, como puede apreciarse en este cartel. A primera vista, colabora con ellos la prestigiosa editorial Visor, de España; en cuanto se mira de cerca resulta ser la enigmática “Visor México”, con el logotipo intervenido por una banda presidencial mexicana. ¿Alguien conocía esta empresa editorial, que se aprovecha de la fama bien ganada de la verdadera Visor? Yo leo con toda la frecuencia que puedo los bellos libros de Visor y nunca he visto que lleven el sello de “Visor México”, y ni siquiera he visto que la leyenda en la página legal indique “Hecho en México”, pero podría equivocarme. Si Visor piensa abrir una casa matriz en la ciudad de los ajolotes y las inundaciones, no es una buena decisión presentar a su editorial en medio de este conflicto y que los lectores la perciban como una institución que se encuentra lejos de los poetas y detrás de los policías: alguien debería advertirles a los directores de Visor España.
¿Qué tipo de poetas van a participar en un evento de editoriales dudosas y conferencistas anónimos mientras el grueso de la comunidad a la que pertenecen se manifiesta en la calle? Siguiendo la tradición delincuencial que permite piratear o falsificar los productos de empresas reales sin persecución del delito, quienes dirigen la Casa del Poeta Ramón López Velarde antes que dialogar prefieren encerrarse y convocar a poetas esquiroles. No sé quién asistirá como público, pero puedo apostar que ahí estarán esos cinco policías que prohíben la entrada, y una multitud enviada para apoyar a estos funcionarios. ¿Qué tipo de poesía cabe esperar de este evento?
Por un instante vi el futuro de la poesía mexicana tal como la sugiere la actitud de estos políticos y me pareció siniestro. Ya los veo declamando una versión pirata de El brindis del bohemio:
En torno de una mesa de cantina
una noche en el hogar regocijadamente departían
seis jueces del bienestar…
O poniendo palabras magistrales e intergeneracionales en boca de Sor Juana:
Fachos necios que acusáis
al partido sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Y si todo falla, una versión pirata de Sabines:
La doctrina puede tomarse a cucharadas
O como una cápsula cada dos horas
Es buena como hipnótico y sedante
Y también alivia
A los que se han intoxicado de filosofía.
Cabe preguntarse si lloverá la falsa poesía en ese recinto y si las salas sin nombre y mucha agua de drenaje se llenarán de poetas y lectores esquiroles. Mientras se resuelve esto, hay que decir que alterar las funciones y la vocación para que fue creado el Museo Casa del Poeta Ramón López Velarde es la mejor metáfora de la mala idea que tienen tantos funcionarios culturales de lo que significa gobernar. Borrar todo lo que existía, ignorar los trabajos de la comunidad a la que sirven y afrentarla y arrojarle la policía antes que escuchar sus reclamos. A eso hay que añadir la falsificación de editoriales, autores y la poesía misma. Poco derecho tiene a llamarse funcionario cultural quien no trabaja en bien de la cultura. Habrá que denunciarlos al Instituto para Devolver al pueblo lo Robado: eso, o solicitar responsables más preparados, que cumplan las funciones para las que fueron designados y no las sustituyan por baratos eventos de propaganda. Que no confundan la poesía con la policía.