Por Alejandro Meléndez
estafador de Tinder— enseñó esa lección al mundo: no se roba solo con un contrato falso; se roba con una vida inventada, con fotos en aviones, con nombres que mudan de piel y con la promesa de que uno, por fin, ha encontrado a alguien que sabe. El rastro de José Rafael Román Argotte Pinchevski no es una copia idéntica de aquella fábula romántica. Es su prima americana: menos champagne y más millas, menos citas y más clínicas, menos “te quiero” y más “yo te arreglo los papeles”. El mecanismo, sin embargo, es el mismo. Primero se construye el personaje. Después se vende.Periodistas Unidos. Ciudad de México. 23 de septiembre de 2026.- Hay ladrones que no necesitan un cuchillo. Necesitan un perfil, una sonrisa bien iluminada y la paciencia de quien sabe que la confianza se cobra más caro que el miedo. El caso de Simon Leviev —el llamado
En julio de 2023, cuando Daniela Mendoza, Julie Ricard y Patricia Mercado Sánchez publicaron La trampa de la desinformación: el negocio de engañar a los migrantes en Pie de Página, el desierto digital ya estaba lleno de profetas. En grupos de Facebook y WhatsApp, entre madres con mochilas y hombres que habían vendido el terreno para pagar un coyote, circulaban videos de gente que hablaba como quien conoce el Código de Estados Unidos de memoria. Román Argotte y su socio Darío Andrés Oviedo Meléndez estaban ahí, en esa orilla luminosa donde la ley se vuelve mercancía.
Florida les prestó una concha vacía. El 2 de agosto de 2022 nació DARIO PFISTER, LLC, documento L22000339466, domicilio en Coconut Creek, agente registrado una fábrica de papeles llamada Legalinc. Ellos figuraban como miembros autorizados. Un año y veinte días después, el Estado disolvió la sociedad por no presentar el reporte anual. Las compañías así no mueren: se evaporan. Dejan un número en Sunbiz y un silencio donde debería estar el objeto social.
Oviedo se presentaba como abogado. Las redacciones que entonces cruzaron padrones dijeron que ni él ni Argotte aparecían habilitados para ejercer en Estados Unidos. No hacía falta el título. Hacía falta el tono. Un video sobre una supuesta apertura de la frontera bastó para que, al día siguiente, cerca de mil personas se apiñaran en el Puente Paso del Norte, entre Ciudad Juárez y El Paso, como si la palabra de un desconocido en pantalla pudiera abrir el río. Esa es la primera semejanza con el estafador de Tinder: la ficción no pide pruebas; pide fe, y la fe se congrega.
El Caribe le devolvería el nombre con otra tinta
El 19 de febrero de 2026, en San Francisco de Macorís, detuvieron por segunda vez al abogado Joel Carlo Román. Estafa, falsificación, lavado de activos: el Ministerio Público dominicano hablaba de inmuebles, de papeles que parecían verdaderos y de una pérdida que las presuntas víctimas —Rocky’s Star SRL, Rocky Ross, Frank George— cifraban en más de cien millones de pesos, algo así como 1.6 millones de dólares. En el centro de esa arquitectura, un restaurante con nombre de ola: Rocky Aqua, en Playa Cabarete. Y en el expediente de Puerto Plata, como una nota al margen que no es margen, José Rafael Román Argotte figura como prófugo. La empresa Gurka Trade SRL aparece como el vehículo societario; el órgano persecutor sostiene que ambos hombres habrían coordinado maniobras para que esa sociedad se plantara como demandante o beneficiaria de un embargo.
El estafador de Tinder cruzaba aeropuertos con pasaportes y cuentas a nombre de otros. Aquí el desplazamiento es jurídico: una SRL, un pagaré, un embargo, un hombre que no está en la sala cuando el juez pregunta por él. La fuga no siempre es un jet. A veces es no comparecer.
México le ofreció el escenario más teatral
En 2015, los registros de la ONAPI lo anotan como titular o solicitante de FARARA TOUR RD, expediente E/2015-16670: pasajes, tours, la geografía convertida en mostrador. La empresa figura dada de baja. El oficio, no. El 30 de agosto de 2026, en la alcaldía Miguel Hidalgo, quedó abierta la carpeta CI-FIMH/UAT-MH-4/UI-1 S/D/01084/08-2026. Dos boletos internacionales. Una diferencia pagada a una cuenta de Banamex a nombre de ROMAN ARGOTTE. Luego, la llamada que en estos relatos llega siempre demasiado tarde: seguridad de BCD Travel informa que las millas con las que se compraron los pasajes habían sido robadas a un cliente y que los boletos quedaban cancelados. Los afectados, dice la denuncia, colaboran con la agencia.
Leviev vendía la urgencia del amor. Argotte, según esta querella, vendía la urgencia del viaje. En ambos casos el lujo es un decorado: el asiento en el avión, la clínica en Polanco, la foto con alguien famoso. Lo que se cobra no es el objeto. Es la certeza de que el objeto existe.
Porque al mismo tiempo —y esto es lo literario del fraude contemporáneo: la simultaneidad— el mismo hombre se presenta en Instagram como COO de BMedic Wellness Group, con cerca de sesenta mil seguidores y el vocabulario de la eternidad: medicina funcional, edad biológica, NAD+ en vena, epigenética, biomagnetismo. Human Reset. Lárte Visage Et Corps en Polanco. Consultorios por horas con Good Medical Space. Software médico. Talleres de “sostenibilidad humana” para recursos humanos. El 22 de octubre de 2025 hasta posó la narrativa en la Cámara de Diputados, como si el recinto federal fuera un set más para la marca de la salud.
El estafador de Tinder necesitaba yates. El de las quince cuentas necesita un tono clínico. Uno promete matrimonio; el otro, longevidad. Ambos prometen una segunda vida.
Meta, con esa prosa burocrática que a veces es más elocuente que un poema, registra que la cuenta @romargotte ha cambiado de nombre de usuario quince veces. Quince mudanzas digitales. Quince veces la misma cara buscando otro umbral. En el cine, el villano se disfraza. En 2026, actualiza el handle.
No hay sentencia que una Florida con Cabarete y con Miguel Hidalgo. Hay coincidencias que ya no parecen coincidencias: sociedades de vida breve, un socio que se dice abogado sin aparecer en los padrones, un video que mueve a mil personas hacia un puente, un expediente caribeño que lo nombra prófugo, una denuncia por boletos nacidos de millas ajenas, y una vitrina de wellness donde el pasado se ilumina como si fuera un before and after.
Simon Leviev entendió que las víctimas no buscan un delincuente. Buscan a alguien que las saque de su vida anterior. Román Argotte, si se acepta la analogía con la cautela que exige el derecho, habría entendido otra cosa igual de antigua: que el migrante, el viajero y el paciente de la ansiedad contemporánea tienen en común una herida abierta. Y que, frente a una herida, casi nadie pide cédula profesional. Pide que le hablen bonito.
La justicia, en tres países, todavía está conjugando los verbos en presente. El personaje, mientras tanto, sigue disponible en stories: bata blanca, avión, Congreso, clínica, otra vez el nombre nuevo. Como en Tinder, el perfil es la primera estafa. Lo demás —si un juez algún día lo confirma— solo es el cobro.