Vacas flacas

Foto: Fernando Carranza / Cuartoscuro

Por Juan José Doñán

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 02 de diciembre de 2018.- Si se da por bueno el dicho que asegura que las cosas se parecen a su dueño, a nadie debería extrañarle que, a diferencia de lo que sucede en otras ferias del libro, la FIL de Guadalajara dedique cada vez más tiempo y espacio a la grilla política.

 Y nadie debería sorprenderse de lo anterior porque si por algo se ha distinguido el presidente de la Feria Internacional del Libro, el ex rector Raúl Padilla, es por sus ambiciones políticas y no por un interés genuino en las manifestaciones artísticas e intelectuales, incluida la promoción del libro y la lectura, pues con el paso del tiempo ha quedado en evidencia que el mandamás de la Universidad de Guadalajara no ve a la cultura como un fin en sí mismo, sino como un medio para conseguir otras cosas.

Entre ellas, acercarse a intelectuales de nuestro país y también de otras latitudes, así como un medio para tratar de pasar por un protector de las artes, cuando en realidad ha sido algo muy distinto: alguien que con el dinero público se ha dedicado de manera preponderante al business de las musas frívolas, a la industria del espectáculo, a la farándula cruda y dura, con el sello estético de Televisa, de Televisión Azteca y similares. Y si alguien lo duda, bastaría con que revisara la cartelera cotidiana del Auditorio Telmex, del Teatro Diana y de otros centros dizque “culturales” de la UdeG.

De todas las deficitarias empresas parauniversitarias de esa casa de estudios, la FIL, que desde su nacimiento en 1987 se sostiene con fondos públicos, es la que mejor le ha servido a su presidente vitalicio para intentar atraerse la simpatía de intelectuales más o menos mediáticos, así como de otros personajes públicos, a los que Padilla se ha afanado en complacer, con el dinero de los contribuyentes, mediante toda clase de halagos, invitaciones, premios, homenajes, reconocimientos, elogios, requiebros, distinciones…, presentándose ante ellos y ellas como una suerte de Pericles o de Lorenzo el Magnífico de nuestros días.

 Y a la par de escritores, académicos y de gente del espectáculo y la televisión, por la pasarela otoñal de Expo Guadalajara ha desfilado también buena parte de nuestra fauna política y de nuestra flora ídem.

Un buen ejemplo de ese uso político se tuvo en la presente zafra desde el momento en que el libresco cotarro fue aprovechado abiertamente por el Fidel Velázquez de la FIL, el ex rector Raúl Padilla, que desde su ronco pecho y también a través de otras personas, le mandó decir al presidente electo Andrés Manuel López Obrador algo así como:

“¡Hey!, acá estoy, no te olvides de mí; acá estoy y no estoy solo ni tampoco desvalido, pues mira quiénes me acompañan: escritores afamados, académicos de renombre, funcionarios y políticos de peso, gente reconocida de los medios de comunicación y otra clase de semovientes notables”.

La primera referencia explícita a quien mañana asume la presidencia de la república fue hecha por el rector de facto de la UdeG el mismo día de la inauguración de la XXXII edición de la FIL, cuando Padilla, repitiendo la queja del gobernador electo de Jalisco (Enrique Alfaro) y de los gobernadores panistas del país contra López Obrador, dijo que los llamados “superdelegados” y la Guardia Nacional, anunciados por el inminente gobierno de AMLO, no sólo “atentan contra la armonía del pacto federal”, sino que también “vulneran la soberanía y la autonomía de los estados” del país (El Informador, 25 de noviembre).

Esto ocurrió el sábado de la semana pasada. Y al día siguiente, en una de las tantas pistas del circo libresco de la FIL, el susodicho estrenó “casualmente” un presunto foro sobre “el federalismo en México”, al que se le impuso el nombre de “Prisciliano Sánchez”. Y desde ese foro, presuntamente “federalista”, no sólo se volvió arremeter en contra de las medidas anunciadas por el inminente gobierno de AMLO, sino que entre los arremetedores estuvieron el próximo gobernador de Jalisco (Enrique Alfaro), así como el gobernador panista de Chihuahua (Javier Corral).

No dejó de ser significativo que estos gobernadores hayan sido acompañados por otros personajes como el inefable Jorge G. Castañeda, quien en el pasado proceso electoral fungió como coordinador de la campaña presidencial de Ricardo Anaya, y el siempre acomodaticio Héctor Aguilar Camín.

Y como para darle un barniz de pluralidad a la mesa inaugural del debutante foro “federalista” de la FIL, también se incluyó a José Ramón Cossío, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y a Cuauhtémoc Cárdenas, quien cada vez se asemeja más a bulto político.

De no haber sido por este par de excepciones, la mesa bien pudo haberse llamado Por México al Frente Remix, en el entendido de que participantes y organizadores del foro (Jorge G. Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Javier Corral, Enrique Alfaro y el propio Raúl Padilla) defendieron la causa de Ricardo Anaya desde la FIL del año pasado y, por supuesto, también durante la pasada campaña presidencial.

Pero como hasta ahora la Feria Internacional de Guadalajara ha requerido, como combustible indispensable, de las cuantiosas aportaciones económicas que anualmente le han llegado desde el ámbito federal, el presidente de la FIL sólo pareciera tener dos opciones para garantizar la subsistencia de la feria de marras: buscar tener, pese a todo, un acuerdo con el gobierno de AMLO, a fin de seguir contando con el subsidio federal o, en su defecto, pasarle la cuenta del grueso de los gastos de la FIL a la administración estatal que, a partir del jueves de la semana entrante, habrá de encabezar Enrique Alfaro.

En este último caso serían los jaliscienses quienes tendrían que pagar el pato, cubriendo casi en su totalidad el costo tanto de la FIL como del resto de las empresas presupuestófagas o deficitarias que, a nombre de la UdeG, regentea desde hace muchos años el ex rector Raúl Padilla y a quien, por lo pronto, pareciera que se le avecina una época de vacas flacas.